En los últimos tres años, los productos básicos
subieron cerca del 27 por ciento; y el poder adquisitivo de los trabajadores
cayó en 11 por ciento
Editorial: Recortes y austeridad
DLF Redacción
El incremento en el precio de los
combustibles –con la consecuente espiral inflacionaria que ya comienza a verse
reflejada en los insumos de la canasta básica, y el aumento de impuestos
locales y municipales
El incremento en el precio de los combustibles
–con la consecuente espiral inflacionaria que ya comienza a verse reflejada en
los insumos de la canasta básica–, y el aumento de impuestos locales y
municipales –como el “predialazo escondido” que deben pagar quienes viven en la
Ciudad de México– han impactado de manera directa en la economía de millones de
familias que viven al día con salarios de hambre.
Si bien las autoridades aseguran que hay una
recuperación del poder de compra, la realidad indica lo contrario. En los
últimos tres años, los productos básicos subieron cerca del 27 por ciento, y el
poder adquisitivo de los trabajadores disminuyó en 11 por ciento. Esto sin duda
se agravará por eventuales incrementos a los combustibles y energéticos
indispensables en los hogares –gas LP y electricidad– sujetos a las leyes
de la oferta y la demanda.
Las
autoridades argumentan que las medidas
son dolorosas, pero necesarias para el futuro, si no se quieren eliminar
programas de desarrollo, servicios públicos de salud y de seguridad social. No
obstante, hay privilegiados a los que el gasolinazo hace lo que al viento a
Juárez: la clase política se encuentra en la cúspide de esta pirámide de
injusticia y avaricia; son éstos los que aderezan el discurso con un poco de
demagogia populista y juran que es tiempo de amarrarse el cinturón para
demostrar la austeridad urgente de estos tiempos.
La cruda
por la ausencia de la embriaguez petrolera nos despierta a la realidad de cómo
se vinieron manejando los recursos públicos aprobados presupuesto tras
presupuesto. Un ejemplo es el fracaso del presupuesto base cero para
partir de las necesidades reales de cada ramo y asignar recursos de manera
justa y transparente. No obstante, la clase política y la burocracia instaladas
en las estructuras del poder han echado mano del dinero de forma oscura, con
criterios opacos para gastar más de lo asignado, generándose el endeudamiento
impagable, o bien, por subejercicios sin justificación. De acuerdo con la Auditoría Superior de la Federación (ASF), en la
Cuenta Pública 2014 “los recursos no aplicados al 31 de diciembre de ese año,
ascendieron a 63,607.2 mdp, lo cual implica el incumplimiento de metas y
objetivos de los programas, así como la posibilidad de un ulterior uso indebido
de los recursos”. ¿Dónde queda ese dinero? ¿Quién lo sustrajo? ¿En qué rubros
queda perdido? ¿Qué bolsillos engrosaron? ¿A quiénes beneficiaron de manera
ilícita? ¿Qué se dejó de pagar?
Los tres poderes de la Unión han anunciado
medidas para reducir el gasto y generar ahorro. Todos los mexicanos esperamos
que sean acciones efectivas y no sólo paliativos cosméticos sin resultados
reales y transparentes. Revisar y ajustar lo necesario, eliminar lo no funcional y aplicar correctamente los recursos donde
es urgente. Analizar, por ejemplo, los dineros destinados a una errática
Coordinación de Comunicación Social de la Presidencia de la República que, en
todo el gobierno federal, goza de un presupuesto de casi 2 mil mdp para dañar
la imagen presidencial con retóricas desafiantes; acabar con sueldazos de casi
medio millón de pesos mensuales de los once ministros de la Suprema Corte de
Justicia de la Nación, además de prestaciones y privilegios; reducir el
indecente financiamiento público de los partidos políticos que en el 2017
se repartieron la nada despreciable cantidad de 4 mil millones; acabar con las
inmorales prebendas de diputados, senadores y de todos aquéllos para quienes el
gasolinazo es sólo noticia en la sección de política de cualquier diario
nacional.
Solidaridad y subsidiariedad son
los valores urgentes que México requiere ante la corrupción y el
enriquecimiento indebido, lo que incrementa el hartazgo y el enojo de los
ciudadanos de a pie. Los mexicanos no están dispuestos a seguir pagando
sacrificios cuando una minoría está apoltronada en la cima del poder, viendo
cómo el barco hace agua. La hipoteca social que se genera es enorme, es
necesario contrarrestar la demagogia, perseguir la corrupción y actuar con
responsabilidad antes de que el curso de la historia socave lo que tanto
trabajo ha costado al pueblo de México: estabilidad y paz social.





