Aunque su fervor religioso se mantiene
vivo
Por Francisco
Ortega Hernández
Ante la
escalada de aumentos a los productos de la canasta
básica originados por el “supergasolinazo”,
la mayoría de las familias poblanas, tanto en las ciudades como en el ámbito
rural, ven con poco entusiasmo el arribo de 2015; es más, algunos lo dan como
año perdido.
Hay
incertidumbre económica para enfrentar la llamada “cuesta de enero” que ahora, consideran, será más difícil que en
años anteriores con el aumento brutal al
litro de gasolina; y a la baja del precio del barril de petróleo.
Juana Bedoya
Martínez, madre soltera, obrera, con domicilio en la colonia El Conde en la
capital poblana, indicó que su cena de fin de año está alejada de los platillos
tradicionales, “ mire joven, si bien nos va, comeremos pollo rostizado,
acompañado de frijolitos; tal vez una copita de sidra para brindar”.
Don Braulio
Jiménez Tepox, vecino de San Mateo Ozolco, localidad a 12 kilómetros al norte
del cráter del Popocatépetl, apuntó que lo importante es que la familia este unida
y reunida; que los hijos en el “gabacho” se den una escapadita a la tierra que
los vio nacer.
Por lo
pronto, en el Centro Histórico de Puebla se ven a decenas de personas que
llegan a los principales templos de Puebla: Catedral, Santa Mónica, donde se
venera al milagrosísimo Señor de las Maravillas; San Francisco, San Agustín,
Santa Rosa, La Santísima, San Pedro, San José; todas ellas con sus ceras y
veladoras para que el sacerdote las bendiga.
Son doce
veladoras y velas, una por cada uno de los meses en el año, todas se encienden
al dar las 12 campanadas, para dejar a una de ellas consumirse; posteriormente,
cada primero de mes, se va encendiendo el resto.
Muchas
familias poblanas asisten a la Misa de Gallo, en ella dan gracias al Creador
por los logros en el 2014; y oran porqué el año recién llegado les vaya mejor.
En pueblos
como San Miguel Xoxtla, las personas acostumbran llenar de borra algunos pantalones
y camisas para configurar muñecos sin gracia, coronados con sombrero de palma y
los colocan en una silla, como si estuvieran sentados a las afueras de su casa
para pasados los primeros minutos del año nuevo los queman y truenan cohetones,
dando así la despedida al año viejo.

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