Mostrando entradas con la etiqueta Evangelio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Evangelio. Mostrar todas las entradas

"El Cristo de los Ramos"

domingo, 9 de abril de 2017 0 comentarios


Domingo de Ramos
San Mateo 21, 1-11: “Bendito el que viene en nombre del Señor”
Isaías 50, 4-7: “No aparté mi rostro de los insultos, y sé que no quedaré avergonzado”
Salmo: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”
Filipenses 2, 6-11: Cristo se humilló a sí mismo, por eso Dios lo exaltó”
Pasión de Nuestro Señor Jesucristo según San Mateo (26, 14- 27, 66)

¿Qué le dirá la imagen de Jesús, tan pequeño, tan humilde, montado en un burrito a un mundo de tecnología, de poder, de ambición, de terrorismo y de prepotencia? Las ramas cortadas al pasar, los mantos ofrecidos con generosidad y los corazones dispuestos a recibir a Jesús podrían ser los auténticos signos de un mundo,  que igual que Sión, busca encontrar la paz, la verdad y la justicia.
Jesús es el único rey que puede darnos la paz. San Mateo nos narra una sola visita de Jesús a Jerusalén y la coloca como el centro de toda su actividad evangelizadora y la manifestación del verdadero mesianismo de Jesús. La figura de Jesús montado en un burrito debería contrastar enormemente con los gritos de júbilo proclamándolo como Hijo de David. Todas las expectativas que señalaban al Mesías como un rey poderoso y fuerte, que con espada y lanza liberaría a Israel de todos sus enemigos, se ven  ridiculizadas cuando Jesús se presenta “montado en un burro, en un burrito, hijo de animal de yugo”.  Y si por un lado se anima a Sión manifestándole que viene “su rey” que le procurará la paz, por otro lado toda la humildad y sencillez con que Jesús entra en Jerusalén nos manifiestan el verdadero camino de la paz. Jesús ofrece una manifestación de su condición de Rey-Mesías, no con el aire triunfal de los vencedores, sino en son de paz, con la sencillez del que viene a servir a su pueblo. La entrada de Jesús a Jerusalén y la entrada de Jesús en nuestros pueblos es en sí misma una interrogante sobre lo que significa su presencia y su misión en medio de nosotros: ¿Cómo estamos construyendo la paz? ¿A base de descalificaciones, amenazas y venganzas? ¿Lo hacemos desde el interior, desde el servicio y desde la recuperación del valor de la persona?
El Cristo de los Ramos y los Hosannas resulta contradictorio y paradójico. Domingo de Ramos  se nos presenta como un día pleno de contrastes, luces y sombras, de un sabor agridulce. En un momento se llenan nuestras calles con los gritos: “¡Viva Cristo Rey!, ¡Hosanna al Hijo de David!”, y momentos después resuenan en nuestras iglesias las trágicas palabras de la Pasión, y se van sucediendo, paso a paso, la entrega, el beso de la traición, la negación de Pedro, las burlas y las aclamaciones irónicas de los soldados: “¡Viva el rey de los Judíos!”, los gritos de “¡Crucifícalo!”, hasta la última exclamación en la cruz: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”, para que Jesús dando un fuerte grito, expire. Es la dolorosa realidad que cada día se hace presente en nuestras vidas. Por una parte se exalta al hombre, se le alaba y por otra se le desprecia, se le tortura y se le aniquila. Escuchamos la proclamación de los derechos humanos, la exaltación al respeto y a la igualdad de la mujer, se defiende apasionadamente a los niños y a los pobres, y los noticieros dan cuenta de abusos, de drogas, de violaciones, de secuestros y de la trata de personas. Es la pasión de Jesús vivida cada día en la persona de cada hombre y cada mujer.
Realidad humana vivida por Jesús que toma el rostro y el dolor de cada persona y que lo asume para rescatarlo, para darle su verdadero significado, para llevarlo a la verdadera libertad, más allá de las expectativas meramente humanas y económicas. Acontecimientos vividos en aquel día, lo que pasó en esa semana, no es historia del pasado, se trata de una especie de profecía y documentación anticipada de todo lo que ocurre siempre en el mundo y en nuestra historia. El escenario no tiene importancia. Todas las situaciones de nuestra vida reflejan la pasión: siempre se encontrará en el centro a un hombre, Cristo-hoy, víctima de la injusticia, de la soledad, de la traición, de la indiferencia, de la ausencia de amor. Y siempre los actores serán los mismos, quizás con alguna pequeña diferencia, el Herodes que condena, Pilato lavándose las manos, el Pedro que niega al amigo por temor al compromiso, la huida, el beso de la traición… la muchedumbre que igual en un momento alaba y exalta y en otro, se burla, condena e insulta. Alguna vez me comentaban los actores de la representación que si no habría posibilidad de cambiar un poco los papeles. Así esperaríamos encontrar a un Pilato que alguna vez no se lave las manos o a un Herodes que realmente busque la justicia; a un Pedro que no se escurra sino que diga con toda claridad: “Sí lo conozco, es mi amigo”; a unos discípulos que venciendo sus miedos, no huyan cobardemente sino que se queden firmes en la lucha contra la injusticia. Y hoy tenemos la posibilidad de cambiar el guion… ¡con nuestra vida!
Domingo de Ramos, Semana Santa… es la historia de Cristo encarnada en la humanidad, con la posibilidad de que nosotros cambiemos las situaciones y nos unamos al Jesús, Hijo de David, en su misión de paz y de amor. Claro que necesitamos cambiar las actitudes y asumir los criterios de Jesús que se entrega, mientras los demás huyen; que da la vida, mientras los otros toman las armas; que perdona, mientras los demás se llenan de odio. La Semana Santa debe vivirse en este clima del gran amor de Jesús, pero al mismo tiempo debe vivirse como un fuerte reclamo  ante las agresiones a la dignidad del hombre. No podemos vivir una Semana Santa sin compromisos, sin atención al hermano. Que cada una de las palabras de Jesús encuentre eco en nuestro corazón. Este día y esta Semana Santa llenémonos del amor de Jesús, guardemos sus palabras, sus actitudes y sus enseñanzas en nuestro corazón. ¿Habrá tiempo para escuchar a Jesús? ¿Habrá tiempo para aceptar la manifestación de su amor hacia nosotros? ¿Estaremos demasiado ocupados? ¿Lo dejaremos muriendo en soledad, en la cárcel, por el hambre y el abandono? Semana santa: tiempo de Jesús y tiempo del hombre verdadero.

Padre Bueno que nos has dado como modelo a tu Hijo, nuestro Salvador, hecho hombre, humillado hasta la muerte de cruz, haz que participando vivamente en su Pasión, manifestemos y vivamos nuestra fe en su Resurrección. Amén.

Comunicado de la Comisión Episcopal para la Pastoral Social con motivo de la situación económica del país

miércoles, 18 de enero de 2017 0 comentarios


A las comunidades y todos los fieles católicos a las autoridades federales y estatales
A los sectores productivos
A los hombres y mujeres de buena voluntad


Hemos iniciado un año lleno de retos y contrariedades, donde sin duda el que más ha trastornado el entorno social y de paz en nuestra patria, ha sido el gasolinazo que se ha agravado con protestas de los mexicanos por el enojo y el descontento de la sociedad pues el aumento al precio de la gasolina y el diésel provoca la presión para el incremento de precios a muchos productos y servicios que dependen de estos combustibles.

Ante el hartazgo de los ciudadanos y la posibilidad de que la situación precaria en la que viven millones de mexicanos se agudice, los obispos de la Comisión Episcopal para la Pastoral Social, queremos sumarnos al comunicado de la CEM para pedir a todos que miremos a las comunidades, pueblos y barrios y nos dejemos interpelar por cada familia y persona que sufre, no solo por un aumento a los combustibles, sino por las décadas en las que la pobreza crece, la corrupción se mantiene y la dependencia de las decisiones en los grandes mercados internacionales se perpetúa.

Desde nuestra opción de vida como pastores y con el deber profético de anunciar la Buena Nueva, queremos profundizar en el mensaje social del Evangelio y hacer resonar las palabras del Papa Francisco en su discurso sobre el mundo del trabajo, en Ciudad Juárez, Chihuahua, cuya premisa es que cada persona tenga Techo, Tierra y Trabajo dignos.

Por ello nos atrevemos a preguntar:
1.    Si el aumento a la gasolina era necesario por los precios internacionales de dicho combustible y el precio del dólar y no con fines recaudatorios, entonces ¿es necesario disminuir el impuesto (IEPS) que supera el 30% para minimizar el impacto de dicho aumento?
2.    Respecto de que el subsidio a la gasolina es en beneficio sólo de la clase rica, ya que los más pobres no reciben un solo peso de ese beneficio, habrá que explicar ¿quién absorberá el impacto en los medios de transporte de personas, transporte de mercancías, producción del campo y la industria, productos y servicios que también consumen los más pobres de México?
3.    Habrá que preguntarse si vivimos un tiempo de un Estado pobre, o de una recaudación insuficiente, o bien, ¿tenemos exceso de corrupción y robo al Estado por una serie de personajes que permanentemente dejan vacías las cuentas a nivel municipal, estatal y federal?

La percepción de la gente, es que los recursos de todos no son distribuidos de forma solidaria ni con el objetivo de romper con las asimetrías que se han generado por muchos años. En nuestro país se encuentran las fortunas más grandes frente a los millones de empobrecidos por un sistema que nos ha hecho perder la capacidad de mirarnos con confianza y que nos invita permanentemente a competir. En este sistema económico globalizado, las mercancías y los productos tienen acceso entre fronteras pero las personas son rechazadas y expulsadas sistemáticamente.

Las crisis económicas internacionales son fatales para nuestra economía, las elecciones y decisiones políticas de nuestros vecinos paradójicamente son tan importantes en nuestra dinámica como país, pero no tenemos siquiera la posibilidad de opinar.

Definitivamente, el cansancio de la gente no es por el nuevo costo de la gasolina, sino por la imposibilidad de acceder al desarrollo humano, integral y solidario, de aspirar a que México sea un país cuya meta esté en función de que cada persona tenga acceso a un Techo, a una Tierra y a un Trabajo. El Papa Francisco nos invita a “... decir no a una economía de la exclusión y la desigualdad. Esa economía mata. No puede ser que no sea noticia que muere de frío un anciano en situación de calle y que sí lo sea una caída de dos puntos en la bolsa. Eso es exclusión.” (EG, 53).

En el Directorio de la Pastoral Social en México tenemos un “llamado a humanizar la economía que de muchas formas el magisterio de la Iglesia ha expresado que enfrenta actualmente un sistema económico dominante inspirado históricamente en el capitalismo liberal a esta economía individualista y globalizada” (493).

Ante las crisis tenemos la oportunidad de generar estrategias creativas que nos desinstalen y nos impulsen a cambiar. Proponemos:
1.    Promover con verdadero énfasis el fortalecimiento del mercado local, antes de poner en competencia productos de importación de los que dependeremos, como lo hacemos hoy, apagando las iniciativas locales y la generación de empleos, especialmente los comunitarios y familiares.
2.    Facilitar la formación, implementación y seguimiento de proyectos desde la economía solidaria cuyo eje principal es el trabajo colectivo con igualdad de beneficios y responsabilidades. Que el ser humano y su trabajo tenga preeminencia sobre el dinero.
3.    Globalizar la cultura, la educación, la tecnología, la solidaridad y la paz. En las relaciones económicas necesitamos ser menos dependientes. Este no será un camino corto, pero podemos comenzar a caminarlo ya.

Animamos a todos, especialmente a los cristianos, a comprometerse y participar ciudadanamente, es necesario que entremos en diálogo con diversos actores. Condenamos todo acto que se ejerza con violencia. La violencia como camino ensucia la libre expresión de quienes buscan cambios eficaces y no sólo palabras.

Esperamos con ansia la disminución de la brecha entre ricos y pobres a través de la generación de empleos estables y aumentando los salarios para que estos sean acordes a las necesidades básicas de cada familia.

La fe en Jesús no puede ser vivida egoístamente, sin compromiso social, sin buscar el bien común. Invitamos por ello, a todas las comunidades parroquiales a promover la pastoral social que evolucione del asistencialismo a la transformación social para que todos, especialmente los más pobres de su comunidad, aprendan a organizarse solidariamente para necesitar menos programas sociales gubernamentales que generan un apoyo mínimo y que incluso, podrían estar bloqueando proyectos de verdadero crecimiento. El desarrollo social no es dar ayudas intermitentes sin promover y generar proyectos serios de desarrollo comunitario, los individuos deben ser sujetos de su propio desarrollo.

La grandeza de nuestro país está en su gente. Como miembros de un mismo cuerpo (1Cor 12, 12), pedimos a María, madre de Jesús, que nos enseñe a ser animadores de nuestro pueblo, como ella lo es.

Que el Señor de la paz, bendiga nuestra Nación.

S.E. Mons. José Leopoldo González González Obispo de Nogales
Presidente
Pastoral Social-Cáritas
S.E. Mons. Carlos Garfias Merlos Arzobispo de Morelia
Justicia Paz y Reconciliación, Fe y Política
S.E. Mons. Domingo Díaz Martínez Arzobispo de Tulancingo
Pastoral de la Salud
S.E. Mons. Jorge Alberto Cavazos Arizpe Obispo de San Juan de los Lagos Pastoral del Trabajo
S.E. Mons. Guillermo Ortíz Mondragón Obispo de Cuautitlán
Pastoral de la Movilidad Humana
S.E. Mons. José de Jesús González Hernández Obispo de la Prelatura del Nayar
Pastoral Indígena

S.E. Mons. Andrés Vargas Peña Obispo Auxiliar de México Pastoral Penitenciaria 

Es necesario que el Hijo del hombre sufra mucho

domingo, 19 de junio de 2016 0 comentarios


Mons. Salvador Martínez Ávila

“si ustedes aceptan que soy el mesías ahora les digo como es que seré el mesías: sufriendo, siendo rechazado, muriendo y resucitando”.

Lectura del Santo Evangelio

Un día en que Jesús, acompañado de sus discípulos, había ido a un lugar solitario para orar, les preguntó: “¿Quién dice la gente que soy yo?” Ellos contestaron: “Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías, y otros, que alguno de los antiguos profetas que ha resucitado”. Él les dijo: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” Respondió Pedro: “El Mesías de Dios”. Él les ordenó severamente que no lo dijeran a nadie. Después les dijo: “Es necesario que el Hijo del hombre sufra mucho, que sea rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, que sea entregado a la muerte y que resucite al tercer día”. Luego, dirigiéndose a la multitud, les dijo: “Si alguno quiere acompañarme, que no se busque a sí mismo, que tome su cruz de cada día y me siga. Pues el que quiera conservar para sí mismo su vida, la perderá; pero el que la pierda por mi causa, ése la encontrará”. (Lucas: 9, 18-24).

Es necesario que el Hijo del hombre sufra mucho


Un hombre tenía una higuera

domingo, 28 de febrero de 2016 0 comentarios


P. Julián López Amozurrutia
La vida parece a veces una higuera que no da fruto, y que alguno sugeriría de una vez desechar. Pero la intercesión abre el tiempo de una nueva esperanza. Un poco más de tiempo, para que dé fruto.

Lectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, algunos hombres fueron a ver a Jesús y le contaron que Pilato había mandado matar a unos galileos, mientras estaban ofreciendo sus sacrificios. Jesús les hizo este comentario: “¿Piensan ustedes que aquellos galileos, porque les sucedió esto, eran más pecadores que todos los demás galileos? Ciertamente que no; y si ustedes no se convierten, perecerán de manera semejante. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿piensan acaso que eran más culpables que todos los demás habitantes de Jerusalén? Ciertamente que no; y si ustedes no se convierten, perecerán de manera semejante”. Entonces les dijo esta parábola: “Un hombre tenía una higuera plantada en su viñedo; fue a buscar higos y no los encontró. Dijo entonces al viñador: ‘Mira, durante tres años seguidos he venido a buscar higos en esta higuera y no los he encontrado. Córtala. ¿Para qué ocupa la tierra inútilmente?’ El viñador le contestó: ‘Señor, déjala todavía este año; voy a aflojar la tierra alrededor y a echarle abono, para ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortaré’”. Lucas: 13,1-9
Un hombre tenía una higuera
Lectura
Una noticia terrible. La sangre de los sacrificios se mezcló con la de unos galileos que Pilato mandó asesinar. La noticia cunde con horror. A Jesús se lo comentan unos hombres, interrumpiendo de pronto su enseñanza. Él mismo puede evocar otro episodio, no menos espantoso: una torre en Siloé aplastó a dieciocho personas. Jesús percibe la consternación y aprovecha el momento para invitarlos a la conversión. Aquellos desgraciados no eran peores que los demás hombres. La tragedia que les sobrevino cuando menos lo esperaban puede ocurrirle, en realidad, a cualquiera. El tiempo de la conversión es el presente. Si desaprovechamos la ocasión, el destino definitivo será tremendo. Pero entonces se retoma de nuevo la enseñanza. La vida parece a veces una higuera que no da fruto, y que alguno sugeriría de una vez desechar. Pero la intercesión abre el tiempo de una nueva esperanza. Un poco más de tiempo, para que dé fruto. Un poco de trabajo, aflojando la tierra y abonándola. Si no, entonces sí se le descartará.


Meditación

El compás de vida que se nos otorga es determinado. A veces recorremos la historia como si nunca fuéramos a morir. Postergamos la conversión imaginándonos un futuro que tal vez no llegue. El Evangelio es también, como buena nueva, alerta y urgencia. Siempre debemos estar listos. Si dejamos que se nos escape de entre las manos el tiempo, desperdiciamos la oportunidad que tenemos de dar gloria a Dios. El pecado ya nos ha marcado. No tenemos por qué dejar que él tenga sobre nuestra vida la última palabra. Se abre el tiempo oportuno de la salvación –eso es la Cuaresma– para recordarnos precisamente que hemos de dar fruto. Somos higuera con esperanza. Ahora mismo la gracia puede trabajar nuestra tierra para hacernos dignos del don de Dios. El tiempo apremia.


Oración

¡Señor Jesús! No se detiene la retahíla de noticias tremendas. La secuencia de sus hechos cunde pavorosa. Es sorprendente la maldad que algunas personas son capaces de realizar. Es también impresionante la cantidad de sufrimiento que algunos acumulan. Y, sin embargo, tu palabra es de esperanza. Los acontecimientos que no logramos digerir son, en realidad, una oportunidad renovada para que confirmemos la bondad de la vida que nos concedes. No tenemos por qué rendirnos al desánimo. Al contrario. Nos invitas a perseverar contra la corriente de fatalidades, confiando en la eficacia de tu Espíritu. Nos abres el corazón para que enfrentemos el ambiente de desventura con un espíritu creativo. Sacudes nuestra tierra con tu afectuoso vigor y nos fertilizas con el abono de las experiencias diarias. No nos dejas rendirnos. No te rindes en nosotros. Pero nos impulsas a no retrasar más la respuesta a tu amor. Ayúdame, Señor, a reconocer el tiempo de conversión que me otorgas; a saber que este momento no se repetirá. La eternidad que nos espera se configura desde el modo como hoy atiendo a tu voz. No permitas, Señor, que me ahogue en la holganza.

Contemplación

Vislumbro la higuera seca, con la tierra endurecida. Descubro un brote tenue. Sé que hay algo que hacer.

Acción


Cuidaré el tiempo que se me ha dado. Lo aprovecharé de manera consciente para hacer el bien, para dar frutos de santidad. Evitaré el ocio estéril, la palabra necia y la acción inútil. Procuraré con diligencia glorificar al Señor con mi vida.

 
El Normativo Noticias © 2011 | Designed by RumahDijual, in collaboration with Online Casino, Uncharted 3 and MW3 Forum