P. Julián López Amozurrutia
La vida parece a veces una
higuera que no da fruto, y que alguno sugeriría de una vez desechar. Pero la
intercesión abre el tiempo de una nueva esperanza. Un poco más de tiempo, para
que dé fruto.
Lectura del Santo Evangelio
En aquel
tiempo, algunos hombres fueron a ver a
Jesús y le contaron que Pilato había mandado matar a unos galileos, mientras
estaban ofreciendo sus sacrificios. Jesús les hizo este comentario: “¿Piensan
ustedes que aquellos galileos, porque les sucedió esto, eran más pecadores que
todos los demás galileos? Ciertamente que no; y si ustedes no se convierten,
perecerán de manera semejante. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por
la torre de Siloé, ¿piensan acaso que eran más culpables que todos los demás
habitantes de Jerusalén? Ciertamente que no; y si ustedes no se convierten,
perecerán de manera semejante”. Entonces les dijo esta parábola: “Un hombre
tenía una higuera plantada en su viñedo; fue a buscar higos y no los encontró.
Dijo entonces al viñador: ‘Mira, durante tres años seguidos he venido a buscar
higos en esta higuera y no los he encontrado. Córtala. ¿Para qué ocupa la
tierra inútilmente?’ El viñador le contestó: ‘Señor, déjala todavía este año;
voy a aflojar la tierra alrededor y a echarle abono, para ver si da fruto.
Si no, el año que viene la cortaré’”. Lucas: 13,1-9
Un hombre tenía una higuera
Lectura
Una
noticia terrible. La sangre de los
sacrificios se mezcló con la de unos galileos que Pilato mandó asesinar. La
noticia cunde con horror. A Jesús se lo comentan unos hombres, interrumpiendo
de pronto su enseñanza. Él mismo puede evocar otro episodio, no menos
espantoso: una torre en Siloé aplastó a dieciocho personas. Jesús percibe la
consternación y aprovecha el momento para invitarlos a la conversión. Aquellos
desgraciados no eran peores que los demás hombres. La tragedia que les
sobrevino cuando menos lo esperaban puede ocurrirle, en realidad, a cualquiera.
El tiempo de la conversión es el presente. Si desaprovechamos la ocasión, el
destino definitivo será tremendo. Pero entonces se retoma de nuevo la
enseñanza. La vida parece a veces una higuera que no da fruto, y que alguno
sugeriría de una vez desechar. Pero la intercesión abre el tiempo de una nueva
esperanza. Un poco más de tiempo, para que dé fruto. Un poco de trabajo,
aflojando la tierra y abonándola. Si no, entonces sí se le descartará.
Meditación
El compás
de vida que se nos otorga es
determinado. A veces recorremos la historia como si nunca fuéramos a morir.
Postergamos la conversión imaginándonos un futuro que tal vez no llegue. El Evangelio es también, como buena
nueva, alerta y urgencia. Siempre debemos estar listos. Si dejamos que se nos
escape de entre las manos el tiempo, desperdiciamos la oportunidad que tenemos
de dar gloria a Dios. El pecado ya nos ha marcado. No tenemos por qué dejar que
él tenga sobre nuestra vida la última palabra. Se abre el tiempo oportuno de la
salvación –eso es la Cuaresma– para recordarnos precisamente que hemos de dar
fruto. Somos higuera con esperanza. Ahora mismo la gracia puede trabajar
nuestra tierra para hacernos dignos del don de Dios. El tiempo apremia.
Oración
¡Señor
Jesús! No se detiene la retahíla de noticias tremendas. La secuencia de sus
hechos cunde pavorosa. Es sorprendente
la maldad que algunas personas son capaces de realizar. Es también
impresionante la cantidad de sufrimiento que algunos acumulan. Y, sin embargo,
tu palabra es de esperanza. Los acontecimientos que no logramos digerir son, en
realidad, una oportunidad renovada para que confirmemos la bondad de la vida
que nos concedes. No tenemos por qué rendirnos al desánimo. Al contrario. Nos
invitas a perseverar contra la corriente de fatalidades, confiando en la
eficacia de tu Espíritu. Nos abres el corazón para que enfrentemos el ambiente
de desventura con un espíritu creativo. Sacudes nuestra tierra con tu afectuoso
vigor y nos fertilizas con el abono de las experiencias diarias. No nos dejas
rendirnos. No te rindes en nosotros. Pero nos impulsas a no retrasar más la
respuesta a tu amor. Ayúdame, Señor, a reconocer el tiempo de conversión que me
otorgas; a saber que este momento no se repetirá. La eternidad que nos
espera se configura desde el modo como hoy atiendo a tu voz. No permitas,
Señor, que me ahogue en la holganza.
Contemplación
Vislumbro la higuera seca, con la tierra
endurecida. Descubro un brote tenue. Sé que hay algo que hacer.
Acción
Cuidaré
el tiempo que se me ha dado. Lo aprovecharé de manera consciente para hacer el
bien, para dar frutos de santidad.
Evitaré el ocio estéril, la palabra necia y la acción inútil. Procuraré con
diligencia glorificar al Señor con mi vida.

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