Carlos Villa Roiz
Aunque con dificultades, entre
otras cosas por el desconocimiento de los idiomas nativos, el sacramento fue
penetrando en la cultura indígena.
En las próximas semanas, la
Iglesia en México celebrará que hace 490 años se llevó al cabo el primer
Matrimonio religioso entre indígenas de nuestro país.
Fray
Toribio de Benavente, Motolinía, en su libro Historia de los Indios de la Nueva
España, explica que se trató de un mancebo llamado Calixto, de Huejotzingo, en
ceremonia privada: “El sacramento del
matrimonio en esta tierra de Anáhuac, o Nueva España, se comenzó en Texcoco. En
el año de 1526, domingo 14 de octubre, se desposó pública y solemnemente don
Hernando, hermano del señor de Texcoco”.
Se sabe
que a esa primera boda asistieron desde
México Alonso de Ávila y Pedro Sánchez de Farfán, quien fue el esposo de la
primera mujer española que llegó a México con Hernán Cortés y que se llamaba
María Estrada. En la fiesta hubo vino, como en las Bodas de Cana, baile y gran
comida, describe Motolinía.
Aunque
con dificultades, entre otras cosas por
el desconocimiento de los idiomas nativos, el sacramento fue penetrando en la
cultura indígena.
Motolinía
explica: "Los mozos que de nuevo se
casan son ya tantos, que hinchen las iglesias, porque hay día de desposar cien
pares, y días de doscientos y trescientos, y días de quinientos... porque
acontece un solo sacerdote tener muchos que confesar y bautizar y desposar y
velar y predicar, decir misa y otras cosas que no puede dejar.”
Uno de
los más serios problemas a los que se enfrentaron los primeros evangelizadores
es que, antes de 1521, la poligamia era
común entre los indígenas, y los frailes tuvieron que fungir como jueces para
determinar cuál era la primera o legítima esposa, pero también crearon los
mecanismos para la manutención de las concubinas y de los hijos.
Motolinia
explicó: "Para no errar ni quitar a
ninguno su legítima mujer, y para no dar a nadie, en lugar de mujer manceba,
había en cada parroquia quien conocía a todos los vecinos, y los que se querían
desposar venían con todos sus parientes, y venían con todas sus mujeres, para
que todas hablasen y alegasen en su favor, y el varón tomase la legítima mujer,
y satisficiese a las otras, y les diese con qué se alimentasen y mantuviesen a
los hijos que les quedaban.”
Estos casos no fueron los únicos problemas que
enfrentaron los religiosos. En las Ordenanzas de Tomás López (1552-1553), para
la provincia de Yucatán, se lee: “Me consta que muchos de los naturales de esta
dicha provincia, por cosas y precios que les dan, venden sus hijas y parientes
y mujeres e indias que tienen de servicio, so color que son esclavas, para que
otros se alcen con ellas, y otros son rufianes de sus mujeres, y las traen por
los pueblos para ganar con ellas”

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