P. Rogelio Alcántara
Podemos ser protegidos con su
presencia en la hora de nuestra muerte.
Unas de las más grandes
posesiones diabólicas que se conocen, según fueron reportadas en varios libros
con documentación histórica precisa, es aquella de los dos hermanos Burner de
Illfurt (Alsazia), quienes fueron liberados tras una serie de exorcismos en
1869. El exorcista Gabriele Amorth refiere en un libro que entre las graves
irreverencias y desprecios que el demonio quería hacer, era provocar la
volcadura de la carroza que trasportaba al exorcista, quien iba acompañado de
un monseñor y de una religiosa. Pero el demonio no pudo llevar a cabo su
propósito porque, en el momento en que la carroza partía, le fue dada al cochero una medalla de San Benito, con el
propósito de que lo protegiera, y el cochero se la había metido a la bolsa muy
devotamente.
Algo de historia
Los
orígenes de la medalla de San Benito
datan de siglos atrás. El Papa Benedicto XIV ideó el diseño y lo aprobó en
1742, concediendo indulgencias a quien la llevara con fe. En la parte trasera
está san Benito, quien sostiene en la mano derecha una cruz que se eleva hacia
el cielo, y en el brazo izquierdo el libro abierto con la santa Regla. En el
fondo hay un altar; se encuentra también un cáliz del que sale una serpiente,
que recuerda un episodio de la vida del santo cuando unos monjes quisieron
envenenarlo y él, haciendo la señal de la cruz, hizo que la copa se rompiera en
pedazos.
Alrededor
de la medalla están acuñadas estas
palabras: “EIUS IN OBITU NOSTRO PRESENTIA MUNIAMUR” (Podemos ser protegidos con
su presencia en la hora de nuestra muerte). Al frenet de la medalla se
encuentra la cruz de San Benito y las iniciales de un texto. Estos versos son
muy antiguos. Aparecen en un manuscrito del siglo XIV que testimonian la fe en
el poder de Dios y del santo. La devoción a la medalla y de la cruz de san
Benito se hizo popular en el año 1050 después de la curación milagrosa de un
joven llamado Brunone, hijo del Conde Ugo de Eginsheim en Alsazia. Brunone,
dicen algunos, fue curado de una gravísima enfermedad después de que se le
impuso la medalla de san Benito. Años
más tarde se hizo monje benedictino y llegó a ser Sumo Pontífice: San León IX,
quien murió en 1054. Entre los protagonistas de la difusión de la medalla hay
que incluir a san Vicente de Paul.
Las
gracias que los fieles han obtenido con
la medalla y la cruz de san Benito son: su poderosa intercesión contra los
maleficios y otras influencias diabólicas; el alejamiento de personas que
tienen malas intenciones; la curación de los animales que padecen epidemias o
maleficios; la ayuda a superar las tentaciones; las imaginaciones y vejaciones
del demonio sobre todo contra la castidad; la conversión de un pecador,
particularmente cercano a la muerte; destruir o hacer ineficaz un veneno;
alejar las epidemias; la restitución de la salud de quienes sufren cálculos y
hemorragias; ha ayudado a evitar contagios; a que las madres a punto de abortar
reciban la ayuda divina para no hacerlo, y a salvar de los relámpagos y las
tempestades.
Explicación de las iniciales:
C.S.P.B. (Crux Sancti Patris
Benedicti) La Cruz del Santo Padre Benito
C.S.S.M.L. (Crux Sacra Sit Mihi
Lux) La Cruz Santa sea mi Luz.
N.D.S.M.D. (Non Drago Sit Mihi
Dux) No sea el demonio quien me conduzca.
V.R.S. (¡Vade Retro, Satana!)
¡Aléjate Satanás!
N.S.M.V. (Numquam Suade Mihi
Vana) No me atraigas a la vanidad.
S.M.Q.L. (Sunt Mala Quae Libas)
Son malas tus bebidas.
I.V.B. (Ipse Venena Bibas) Beve
tú mismo tus venenos.
Finalmente,
es preciso recordar que la medalla de
san Benito no es un amuleto ni nada por el estilo. Es, ante todo, un modo de
recordar la presencia de Dios en nuestras vidas y un símbolo de nuestro deseo
de servirle y amarle a través del servicio a los demás.
Para la medalla de san Benito se
emplea una bendición especial.
La encuentras aquí:
bit.ly/29nKGZW

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