Abimael César Juárez García
“La necesidad de salir adelante
me hizo pedirle ayuda a la Virgen de Guadalupe, y tuve éxito”, comenta la
actriz y cantante.
María Victoria, la cantante y
actriz de la Época de Oro del cine mexicano, quien por más de cinco décadas le
ha llevado “Las Mañanitas” a la Virgen de Guadalupe cada 12 de diciembre, se
dice afortunada por haber recibido la Comunión en tres ocasiones, de manos de
dos Papas; las primeras dos de san Juan Pablo II, y la tercera del Papa
Francisco. Desde la fe ha querido recoger su testimonio de amor a la
Guadalupana y conocer su experiencia de cercanía con ambos Vicarios de Cristo.
La señora
María Victoria cuenta que desde niña su
mamá siempre le inculcó el cariño a la Virgen, y que cuando viajaban del Bajío
a la Ciudad de México, “lo primero que hacían era ir a La Villa para ver a
la Santísima Virgen de Guadalupe”.
La
artista, oriunda de Guadalajara, dijo
que a temprana edad se fue a vivir a Monterrey, y de aquella entidad se
trasladó a la Ciudad de México; aquí le pidió a la Virgen de Guadalupe que le
ayudara a salir adelante, y a cambio le ofreció dedicarle un poco de los
beneficios que obtuviera.
“¡Y siempre me ayudó! Yo no quise ser artista,
fue la necesidad. Nunca pensé que me fuera a dar tanto; sólo pedía que no me
faltara el trabajo, pero he sido tan bendecida por Dios que me ha permitido
recibir a Cristo de la mano de dos de sus mensajeros”.
Comentó que
ha acudido a llevarle Las Mañanitas a las de la Virgen desde que trabajaba en
el teatro “Margo”, a finales de la década de los cuarenta; se reunía ahí con
varios compañeros artistas, entre los que se encontraban Pedro Infante, los
Tariácuri, Miguel Aceves Mejía, y caminaban con rumbo a la Antigua
Basílica.
“Siempre íbamos diferentes compañeros; entrábamos
como cualquier persona, al aventón. Mientras Paco Malgesto transmitía para la
radio desde un templete, nosotros estábamos entre la ola de gente, nadie
nos hacía caso. Ahora es más fácil para mí, ya que voy como invitada y ese día
puedo estar frente al altar y ver directamente a la Santísima Virgen”.
Dijo
haber tenido la fortuna de estar cerca
del Papa Juan Pablo II en dos de las ocasiones que visitó nuestro país, y que
en 1979, gracias a su personaje de televisión en La criada bien criada, le
abrieron la puerta de la Nunciatura Apostólica y lo pudo ver de cerca. “Yo sólo
quería verlo pasar por la esquina; me aproximé lo más que pude a la Nunciatura,
y en ese momento las personas me reconocieron y comenzaron a pedirme
autógrafos; se armó un alboroto y esto provocó que el cuerpo de seguridad
me moviera a un lugar más seguro para no ser molestada; salió entonces un
padre, me reconoció, y me pasó”.
Externó
que las personas que atendían al Santo
Padre la reconocieron como “la criada bien criada”, y no dudaron en darle un
recorrido por cada uno de los rincones de la casa. “No sabía por dónde llegaría el Papa, sólo me guié por el grito de la
muchedumbre y corrí a la puerta; una de las monjitas que lo atendía me presentó
con él. El Santo Padre me dio la bendición y me regaló una medalla de la
Virgen con un Rosario; cuando él estaba junto a mí, sentía que realmente Cristo
estaba a mi lado. En su última visita, cuando beatificó a san Juan Diego, tuve
nuevamente el privilegio de participar con él en la Eucaristía”.
María
Victoria se alegra igualmente de que en
la reciente visita que el Papa Francisco hizo a México¸ ella haya tenido la
oportunidad de estar presente en la Basílica de Guadalupe, invitada por los
organizadores. Asegura que para ella no hay nada más grande que estar en la
casita del Tepeyac.
“Cuando
voy a ver a la Virgen, es porque tengo
ganas de hacerlo y estoy siempre segura de que algo bueno me pasará. Así,
cuando le canto, me olvido de todo lo que sucede a mi alrededor. ¡Yo siempre
fiel, como dijo el Papa! Así le he sido y así le seré siempre a mi Virgencita
de Guadalupe”.

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