DLF Redacción
La marihuana “mata neuronas” y
afecta el sistema límbico en dos de sus estructuras más importantes: el
hipocampo, que es responsable del aprendizaje, y la memoria, así como la
amígdala involucrada en nuestras emociones y deseos.
Se
escuchan diversos argumentos en favor y
en contra de la marihuana: “es verde”, “es ecológica”, “es menos dañina que el
alcohol y el cigarro”, “no es adictiva”, “te hace ser más creativo y
pensar mejor las cosas”, “si sirve como medicina, entonces es
buena”.
En
noviembre del 2015, la Suprema Corte de
Justicia de la Nación permitió a cuatro miembros de la Sociedad Mexicana de
Autoconsumo Responsable y Tolerante, la producción, posesión y consumo
personal de marihuana, lo que según expertos, es el primer paso para lograr la
legalización de la marihuana.
Pero,
¿realmente hay una conciencia sobre el
impacto de la marihuana en nuestro organismo, sobre nuestras emociones,
nuestros procesos mentales y sobre nuestro ser?
Estudios científicos han demostrado que la marihuana
afecta tanto el cerebro como el cuerpo de quien la consume, en especial de
los adolescentes, quienes no han concluido de madurar física y
psicológicamente.
Así como
la ciencia ha desarrollado tecnología
para acelerar el crecimiento de ciertas frutas y verduras, ha pasado lo mismo
con la marihuana, pues en la actualidad es de 10 a 15 veces más potente que
la que se usaba en los años 60’s, ya que la concentración de la sustancia
activa es más alta.
La
marihuana “mata neuronas” y afecta el
sistema límbico en dos de sus estructuras más importantes: el hipocampo, que es
responsable del aprendizaje, y la memoria, así como la amígdala
involucrada en nuestras emociones y deseos.
También
afecta la corteza frontal, la debilita,
lo que daña el control de nuestros impulsos. El cerebelo, localizado en la
parte trasera de la cabeza, arriba del cuello, controla los movimientos, el
balance y la postura corporal. Si alguien que está bajo los efectos de la
marihuana maneja o hace un deporte, puede tener o provocar accidentes.
El tallo
cerebral está encargado de las
actividades autónomas de nuestro cuerpo como la respiración, el proceso
digestivo, ritmo cardiaco y ciclo de sueño. La sustancia activa de la marihuana
incrementa el ritmo cardiaco, lo que puede generar ansiedad e incluso
crisis de pánico.
También
afecta el hipotálamo, localizado en el
centro del cerebro, el cual regula la temperatura corporal, el hambre y la sed;
por eso la falta de apetito o “atracones” en quienes la consumen.
¿Cómo es que la marihuana causa
placer?
Nuestro
cerebro está diseñado para que podamos
sobrevivir en el mundo, nos indica en qué momento debemos comer, dormir, ir al
baño, etc. Estas conductas son recompensadas por el placer de satisfacer
esa necesidad, por lo que el cerebro garantiza que se realicen para poder
vivir.
Cuando
este sistema de recompensas es activado,
el cerebro se da cuenta que algo importante está sucediendo, por lo que lo
archiva en la memoria.
Cuando la
sustancia activa de la marihuana entra a
las neuronas, además de enviar mensajes distorsionados, provoca la
liberación en exceso de dopamina y otros neurotransmisores.
Imagina
que te dieran cuatro mil pesos todos los
días sin hacer nada, pronto dejarías de trabajar, eso pasa con el cerebro, que
deja de producir dopamina. Por ello, quien abusa de forma constante de la
marihuana, puede volverse menos activo y la capacidad para experimentar placer
se ve disminuida.
Llega un momento en que se va a necesitar de la
droga para “sentir”, y lo peor, cada vez dosis más altas (tolerancia), lo
que probablemente llevará a la adicción.
Libremente
decidimos si consumimos marihuana o no,
lo que no queremos entender es que es la marihuana la que nos roba la
libertad.
¿Cuáles pueden ser factores que
nos podrían ayudar a no engancharnos en el consumo?
La Autoestima. Es cómo te sientes contigo y la
persona que eres. Esto es, quién eres y lo que haces. Es entender que tienes un
lugar en el mundo y perteneces ahí. Eres parte de una familia a la que le
importas. Es saber que tienes raíces y alas para el futuro.
¿Cómo lo hago?
Céntrate
en habilidades y potencialidades, no en
las apariencias. Haz cosas que te hagan sentir orgulloso de ti mismo. Ten
iniciativa, las cosas no salen solas. ¡Ayuda a quien puedas!, la sensación es
increíble. No vivas para complacer a otros, toma tus decisiones basadas en lo
que tú crees que es bueno y correcto.
Descúbrete
a ti mismo haciendo las cosas que te
hacen sentir bien, te gustan y las encuentras interesantes. ¿Quieres
bailar? ¡Baila!
Encuentra
gente que te entienda, a veces la única
forma de pasar tiempos difíciles es teniendo buenos amigos que te recuerdan
lo increíble y fuerte que eres.
Ten cuidado de quienes pueden hundirte, ya
que acabarás muy lastimado.
Sé
asertivo, tienes todo el derecho a decir
NO, y a no estar de acuerdo, pero con toda la educación.
¡Duerme! Las cosas nunca se ven igual si estás cansado e irritable. Haz
ejercicio, esto te dará más energía y podrás liberar tensión y estrés.
Evita a
las personas negativas, pues acabarás
sintiéndote mal contigo mismo y los demás. Si es alguien cercano a ti, háblalo,
si no cambia, evita pasar mucho tiempo con esa persona. Debes entender que la
vida no es perfecta, pero tampoco un infierno, son momentos y son oportunidades
para crecer y ser mejores.
No te
centres en las cosas malas todo el
tiempo, no te quejes, piensa mejor en cómo puedes convertirlas en algo
bueno.
Enfócate en lo positivo que tienes, no en lo malo.
No pienses todo el día en el error que cometiste, sino en cómo puedes
mejorarlo.
Haz una
lista de las cosas que te hacen sentir
orgulloso de ti, y pégala donde la puedas ver todos los días, y lo más
importante, auméntala.
¿Sabes algo? Lo perfecto no existe, así que
deja de intentar serlo o pedir que los demás lo sean. Al tratar de lograr
la perfección lo único que haces es decepcionarte de ti mismo.
Si
sientes que no tienes nada que ofrecer
al mundo, es porque no te has dado la oportunidad de descubrirlo,
¡Arriésgate! ¡Sé la persona que te haga feliz!
Campaña
de prevención para el consumo de
Marihuana elaborado por Patricio de Régules Alfaro, adaptado por Rosa
Catalina Carbajal Vega.

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