Mauricio
Carmona Rodríguez
Mucha gente dirá que los
causantes de esto son “fantasmas” o “espíritus” porque se ha hecho una
respuesta fácil y popular, pero no es así.
¡Los fantasmas no existen! Hay muchas
historias, narraciones, películas y hasta personas que dicen tener poder
para llamarlos y hablar con ellos, pero tenemos que dejarlo bien claro: ¡los
fantasmas no existen!
¿Pero por
qué se habla tanto sobre ellos? Hay
sucesos que parecen inexplicables y que atribuimos a otro tipo de realidades,
por ejemplo: ruidos extraños o gritos que nadie produce, movimiento de objetos
sin que aparentemente nada lo ocasione, etc. Mucha gente dirá que los causantes
de esto son “fantasmas” o “espíritus” porque se ha hecho una respuesta fácil y
popular, pero no es así.
Para
empezar, un espíritu es inmaterial; es
decir, no tiene cuerpo. A todo cuerpo Dios le da un espíritu para hacer el bien
en vida, para buscar la felicidad propia y de los demás; sería absurdo que un
espíritu busque hacer daño, asustar o simplemente mover cosas por diversión.
Ahora bien, al resucitar, Jesucristo se presentó a los discípulos y ellos
comieron con Él, le abrazaban y tocaron; no era un fantasma, era Él mismo
en un cuerpo glorioso, un cuerpo que ya no muere y que sigue abrazando con
amor.
La Virgen de Guadalupe, cuando habló con Juan
Diego en el Tepeyac, no era un fantasma, sino la mismísima Virgen María que fue
llevada al Cielo en cuerpo y alma; su dulce voz (producida por su cuerpo) y sus
manos tocando aquellas rosas que plasmarían su imagen, son las mismas que
abrazaron a Jesús desde pequeño.
Tanto las
apariciones de Jesús después de su
resurrección, como las de la Virgen de Guadalupe en el Tepeyac, fueron
verdaderas manifestaciones que rompen con nuestra lógica pero no para
asustarnos, sino para ayudarnos, para cuidarnos. Y todavía más: Dios ha querido
que todos vayamos al Cielo una vez que acaben los días de nuestra vida;
entonces, no tendría por qué dejar nuestro espíritu “vagando errante” en
este mundo: no es un castigo ni mucho menos una condena, ya que Cristo dio su
vida por ello.
¿Aún lo
dudas? Si algo te asusta recuerda que
Dios nunca te abandonará, nunca dejará que algo te haga daño. Habla con Él
en oración y platícale tus miedos. Verás que pronto desaparecerán.

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