Editorial: Nos está destruyendo

domingo, 3 de abril de 2016


DLF Redacción
El Santo Padre habló a los más variados sectores del país y les advirtió sobre los privilegios ilícitos que atentan contra el bienestar social, y son terreno fértil para la corrupción que nos está destruyendo.

Después de la visita del Papa Francisco, sus palabras son analizadas profundamente, de manera particular en lo concerniente a nuestra vida y la necesidad de conversión, ante males sin solución útil, a pesar de llamados, campañas y palabras, de compromisos radicales que dicen involucrar toda la fuerza del Estado de Derecho, sin resultados contundentes.

El Santo Padre habló a los más variados sectores del país y les advirtió sobre los privilegios ilícitos que atentan contra el bienestar social, y son terreno fértil para la corrupción que nos está destruyendo. La corrupción es humedad que carcome las paredes de la democracia. Desde nimias conductas, consideradas irrelevantes, hasta hechos ilegales sin imputación de responsabilidad alguna. Corrupción es el taxímetro alterado para elevar tarifas; corrupción es disponer, al antojo, de helicópteros estatales para traslado exclusivo de artistas e invitados especiales; corrupción es solapar a juniors, amparados por padres poderosos e influyentes; corrupción es la deshonestidad usufructuante del poder, al poner toda la maquinaria política a favor de candidatos en las próximas elecciones; corrupción es acomodar las condiciones del mercado para beneficiar subastas, empresas y especuladores; corrupción es ser juez y parte, sin deslindar responsabilidades de autoridades señaladas de enriquecimiento para beneficiarse a sí mismas, o al premiar a amigos con millonarias licitaciones y jugosos contratos; corrupción es desviar la mirada de la destrucción violenta, disfrazando la realidad con cifras triunfalistas e irreales. 

En noviembre de 2014, la Encuesta Nacional de Corrupción y Cultura de la Legalidad, realizada por el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, reveló que la corrupción es un fenómeno de difícil erradicación, y el panorama no es tan optimista en cuanto al combate. A juicio de Transparencia Mexicana, al año se cometen más de 220 millones de actos de corrupción que lesionan la confianza. La impunidad rebasa el 90 por ciento y más de la mitad de la población no ve los beneficios equitativos del sistema democrático.

Hace unos días, organizaciones civiles integraron la iniciativa 3 de 3 para llevarla a las cámaras del Congreso de la Unión. Destaca que la Iglesia, institución de la mayor de las credibilidades entre la población, impulse esta campaña ciudadana. Los obispos de la Comisión para la Pastoral Social de la Conferencia del Episcopado Mexicano llamaron a la participación de la sociedad civil en la rehabilitación ética de la política; y en la Arquidiócesis de México, el cardenal Norberto Rivera Carrera hizo lo propio, invitando a los laicos comprometidos y fieles en general a integrar sus firmas para promover la Ley 3 de 3, en grupos, parroquias y colonias a fin de que en México se acaben las enormes e injustas desigualdades provocadas por este mal.

Si la población tiene poca fe en la efectividad de la política, iniciativas como la anterior representan un signo para devolver la credibilidad en las instituciones a fin de reparar el tejido social lacerado. Es necesario vencer la desconfianza, es imperativo que diputados y senadores legislen sobre lo urgente, abandonando debates estériles y discusiones baladíes polarizantes y paralizantes de la sociedad mexicana… Corrupción es mantener en la congeladora legislativa las iniciativas contra este fenómeno, dejando que el tiempo sea el mejor sepulturero de las buenas intenciones de campaña.


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