Vladimir Alcántara
Es en este recinto donde aquel
hombre, ejemplo de heroísmo, patriotismo y servicio a la feligresía, don José
María Morelos y Pavón, quiso detenerse a rezar antes de ser llevado al paredón.
Capturado
en Temazcalapa, Puebla, y tras semanas
de enjuiciamiento, el más grande los caudillos insurgentes, el Generalísimo don
José María Morelos y Pavón, es trasladado en una carroza a San Cristóbal,
Ecatepec, para ser fusilado. Al pasar por el Cerro del Tepeyac, pide a sus
custodios le permitan detenerse a hacer una oración en la Capilla del Pocito,
antes de tener que estar en aquella localidad girado contra el paredón, donde
horas más tarde rezaría el Salmo 51, levantaría un crucifijo y exclamaría:
“Señor, si he obrado bien, tú lo sabes; pero si he obrado mal, yo me acojo
a tu infinita misericordia”. Acto seguido, recibe la descarga letal.
A este
hecho histórico hace alusión una placa conmemorativa colocada en la parte
exterior de la Capilla del Pocito,
custodiada actualmente por el P. Raymundo Maya y por el P. Enrique López,
párroco y vicario del templo Santa María de Capuchinas respectivamente,
quienes, en entrevista para Desde la fe, hablan sobre la riqueza
histórica, artística, arquitectónica y religiosa de este legendario recinto,
así como del estado en que actualmente se encuentra y las reparaciones que
precisa con urgencia.
Al
respecto, el P. Raymundo Maya explica
que la Capilla del Pocito es uno de los monumentos religiosos que integran la
Parroquia Santa María de Capuchinas; se trata de un recinto maravilloso que
tuvo su origen en el Acontecimiento Guadalupano, pues en el sitio de su
ubicación había un borbollón a ras de suelo, en el que los peregrinos pasaban a
beber agua y a bañarse cuando visitaban a Juan Diego para oírle hablar sobre
las milagrosas apariciones. “La vena de agua estaba ubicada muy cerca del lugar
en que la Virgen pidió al santo indígena le construyera su casita, así que
la gente iba ahí a saciar la sed y a bañarse para quedar libres de
enfermedades, toda vez que el agua tenía propiedades curativas”.
Por su
parte, el P. Enrique López señala que
esta capilla marca el sitio de la cuarta aparición de la Virgen de Guadalupe a
san Juan Diego. “En un inicio aparecía ahí la vena de agua al aire libre, hasta
que en 1648, el Vicario Luis Lasso de la Vega lo mandó cubrir con una techumbre
y cuatro paredes, construcción que con el paso del tiempo se fue deteriorando.
Posteriormente, en 1777, un ermitaño llamado Calixto González de Albencerraje
realizó una colecta de dinero y le llevó al arzobispo Núñez y Haro 40 mil pesos
para que erigiera ahí un templo, de manera que el Arzobispo contactó al ilustre
arquitecto Francisco Antonio de Guerrero y Torres para tal efecto.
Quien llevó a cabo la obra sin cobrar un solo
peso, al igual que los albañiles que trabajaron en él. El templo que levantaron
es el que actualmente vemos, se trata de una de las más grandes joyas del
barroco mexicano; alberga el sitio del borbollón, sobre el cual se construyó un
pocito delimitado por un brocal, mismo que dio nombre al recinto.
El P. Raymundo Maya señala que para la
construcción de la capilla se utilizaron materiales propios de la región, como
la piedra, el tezontle y la cantera, además de otros que fueron trayendo de
otras partes, como el ladrillo vidriado, la cerámica y la talavera poblana en
color azul y blanca, con lo cual el arquitecto De Guerrero y Torres logró
erigir este magnífico recinto dedicado a la Virgen, de una solidez y hermosura
que maravillan; “y es justo en este lugar donde aquel hombre ejemplo de
heroísmo, patriotismo y servicio a la feligresía, el llamado “Siervo de la
Nación”, quiso detenerse a rezar antes de ser llevado al paredón. Por esta y
otras razones, tenemos aquí un recinto que es obligado mantener en las mejores
condiciones.”
La Capilla del Pocito consta de tres cuerpos
cubiertos por tres cúpulas; el acceso principal obliga a rodear el brocal del
pozo; sobre esa zona, en el techo, se encuentra una representación dedicada al
Espíritu Santo. De frente a la entrada se puede ver el altar mayor, con un
retablo barroco dedicado a la Virgen de Guadalupe; al lado del altar están el
púlpito y el confesionario, tallados en madera; la cúpula principal tiene en su
pintura varios símbolos marianos cargados por querubines, signos propios de la
letanía del Santo Rosario. “La Capilla del pocito –comenta el P. Enrique López–
cuenta además con obras de distintos pintores, principalmente de Miguel
Cabrera, el extraordinario artista oaxaqueño, el primero en crear pinturas
sobre la Virgen de Guadalupe. Es un templo muy hermoso y rico en obras de
arte, parte de nuestra cultura y de nuestra historia.
El P. Raymundo Maya comenta que, pese a toda la
riqueza cultural, histórica, artística y arquitectónica que encierra la Capilla
del Pocito, poco a poco ha ido quedando en el descuido, pues, por principio de
cuentas, en la parte exterior se puede apreciar una zanja perimetral que hizo
el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) en la década de los
noventa con el fin de liberar la altura, porque ya todo estaba sufriendo una
inclinación, trabajo con el que se logró nivelar el recinto; sin embargo, la
zanja no ha sido tapada y en épocas de lluvia se forman inundaciones
terribles que terminan afectando los cimientos.
“Por otra
parte, en la cúpula principal, que está
decorada con un trabajo artístico en el que se representa una devoción mariana,
se puede ver que algunas partes de la pintura se están deteriorando y el
aplanado se está cayendo; si no se ha dañado más es porque nosotros le hemos
hecho un arreglo a la mexicana: le colocamos en la parte exterior una especie
de cachucha de lona para evitar que el agua se siguiera filtrando, pero también
esta cubierta ya se está estropeando, de manera que es urgente que la
cúpula sea intervenida para poder conservarla en buen estado”.
Explica
el sacerdote que el templo cuenta en el subsuelo con pilotes de control que lo
sostienen, mismos que requieren de constante atención, pues necesitan ser
ajustados; pero incluso en la zona en que
se encuentran estos aparatos ya hay inundaciones debido al agua que se mete por
la zanja perimetral que rodea la capilla, por lo que se está formando un
pantano, y esto sólo habla del abandono en el que ha ido cayendo la Capilla
del Pocito.
“¡Falta el trabajo de los expertos! Es una labor
muy compleja que requiere de manejo aparatos, mediciones, cosas que nosotros no
sabríamos cómo realizar. Hemos estado pidiendo mucho al personal de Conaculta
que nos ayude a conservar esta capilla y evitar que se siga deteriorando; ahí
nos dicen que sí, pero no nos dicen cuándo. Les agradecemos todo el apoyo que
durante unos años nos estuvieron brindando, pero no comprendemos por qué de un
tiempo para acá dejaron de darnos asesoría
y ayuda. ¡La Capilla del Pocito está
quedando en condiciones lamentables!”.
Finalmente,
el P. Raymundo Maya comenta que la
Capilla del Pocito es muy solicitada para todo tipo de celebraciones, por lo
cual acude a ella muchísima gente; pero quienes más la visitan, dado su riqueza
artística y estructural, son estudiantes de las carreras de arquitectura e
ingeniería, tanto del país como del extranjero. “Numerosos turistas se
presentan aquí y se asombran de tan bello monumento, pero también se
entristecen al ver las condiciones en que se encuentra ahora”

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