Los actos terroristas de días pasados en París nos tienen apesadumbrados. ¿Cómo es posible tanta inhumanidad?
¿Por qué hay mentes y corazones tan empecinados en decidir fríamente la
destrucción indiscriminada de inocentes? Es tan profundo su odio, su resentimiento,
su deseo de venganza, que nada los detiene. Usan la tecnología para urdir
estos ataques y se aprovechan de las facilidades que hay para comprar armas.
Están dispuestos a sacrificar sus vidas,
conscientes de que van a morir al detonar los explosivos que llevan consigo,
porque les han inducido la convicción de que, con esos métodos, harán triunfar
el islam y lo impondrán al mundo entero.
¿Todos
los mahometanos son extremistas religiosos? Algunas
interpretaciones del Corán parecen tener esa tendencia. Por ello, en ciertos
ambientes se les tiene desconfianza. En
Chiapas hay varios seguidores de esta religión, a quienes identificamos como
musulmanes. Hay dos grupos, no muy numerosos, en Comitán y en San Cristóbal. Muchos de ellos son indígenas chamulas,
que antes eran presbiterianos; quizá habían sido bautizados como católicos. Unos españoles trajeron esa religión,
ofreciéndoles trabajo en carpinterías y panaderías. Hace años llevaron a
algunos en peregrinación a La Meca. Algunos
gobernantes me han expresado su inquietud de que sean agentes del terrorismo
contra los Estados Unidos, y que desde aquí se tramen acciones para infiltrarse
allá y llegar a destruir.
Siempre he declarado que, en los casi 25 años que llevo en Chiapas, no he descubierto en ellos signos de que
los mueva el terrorismo; más bien, los he conocido pacíficos, respetuosos,
trabajadores y muy religiosos. No han dado problemas sociales; conviven
pacíficamente con la comunidad y no hacen proselitismo agresivo.
PENSAR
Al conmemorar el cincuenta aniversario de la declaración del
Concilio Vaticano II sobre las relaciones de la Iglesia católica con las
religiones no cristianas, dijo el Papa Francisco: “El conocimiento, el respeto y la
estima mutua constituyen el camino para la relación con las otras religiones.
Pienso de modo particular en los musulmanes que adoran al único Dios, viviente y subsistente,
misericordioso y todo poderoso, Creador del cielo y de la tierra, que habló a
los hombres. Ellos se refieren a la paternidad de Abraham, veneran a Jesús como
profeta, honran a su Madre virgen, María, esperan el día del juicio,
practican la oración, la limosna y el ayuno. El diálogo que necesitamos no
puede ser sino abierto y respetuoso: respetar el derecho de otros a la vida, a
la integridad física, a las libertades fundamentales, es decir a la libertad de
conciencia”.
Sin embargo, advertía: “A causa de la violencia y del
terrorismo, se ha difundido una actitud de sospecha o incluso de condena a las
religiones. En realidad, aunque ninguna religión es inmune al riesgo de
desviaciones fundamentalistas o extremistas en individuos o grupos, es
necesario mirar los valores
positivos que viven y proponen, y que son fuente de esperanza” (28-X-2015).
Con todo, el domingo pasado, expresó: "Deseo
expresar mi profundo dolor por los ataques terroristas que en la noche del
viernes ensangrentaron Francia, causando numerosas víctimas. Tanta
barbarie nos deja consternados y nos hace pensar cómo puede el corazón del
hombre idear y realizar eventos tan horribles. Delante de tales actos
intolerables no se puede dejar de condenar la incalificable afrenta a la
dignidad de la persona humana. Quiero reafirmar con vigor que el camino de la violencia y del
odio no resuelve los problemas de la humanidad. Y que utilizar el nombre
de Dios para justificar este camino es una blasfemia”.
ACTUAR
¿Qué hacer? Educar en el
Evangelio a las familias, a los niños y jóvenes, para que no se dejen atrapar
por ideologías extremistas, pues donde los padres están ausentes y no educan, o
donde en el mismo hogar hay violencia, no nos extrañemos de que en nuestra
misma patria haya terroristas y asesinos, no por una ideología religiosa, sino
por la ambición del poder y del dinero. De nosotros depende también que no
haya terrorismo.

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