Por BBC Mundo
Las
noche del miércoles las calles de El Cairo estuvieron vacías a causa del toque
de queda declarado al final de un día convulsivo, en el que las fuerzas de
seguridad y partidarios del derrocado expresidente Mohammed Morsi se
enfrentaron descarnadamente.
Centenares
de personas resultaron muertas o heridas en la peor jornada de violencia vivida
en ese país norafricano desde la salida del poder de Hosni Mubarak en febrero
de 2011 y que promete marcar un cisma en la ya de por sí polarizada política
egipcia.
Cuando
estaba despuntando el miércoles, tanques blindados y palas mecánicas entraron
en esas zonas tomadas en la Plaza Nahda y la mezquita de Raba al-Adawiya, con
un arsenal de gases lacrimógenos y la firme intención de remover a los
opositores.
"Un
bulldozer militar blindado condujo hacia las barricadas en los bordes del
campamento. La excavadora se abrió camino a través de las filas de ladrillos y
sacos de arena", dijo James Reynonds, periodista de BBC en El Cairo.
"Los
manifestantes proMorsi respondieron lanzando piedras y quemando neumáticos. Al
mismo tiempo, la policía antidisturbios en vehículos blindados avanzó por las
calles cercanas", agregó.
Horas
después del inicio de una operación que, según el gobierno, buscaba restaurar
el orden, la situación lucía fuera de control y forzó a la declaración de un
Estado de Emergencia que estará vigente por un mes.
El
saldo del día según fuentes oficiales: 278 personas muertas y 1.403 heridos,
junto a las libertades limitadas y el exacerbamiento de las divisiones
políticas en Egipto, algo que presagia difíciles tiempos por venir.
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