Mons. Felipe Arizmendi Esquivel
Hay preocupación por la
inseguridad social, por la violencia, por el aumento de asaltos, robos y
secuestros, por el poder de los grupos narcotraficantes, por el abuso del
alcohol y de las drogas, por la inhumanidad de los criminales, por los
suicidios juveniles.
VER
Hay
alarma en el país porque han aumentado considerablemente los embarazos de
adolescentes. ¿Por qué se extrañan? Eso es lo que se ha provocado con los
libros oficiales de texto, que informan
mucho sobre los métodos anticonceptivos para evitar esos embarazos, pero muy
poco educan para la castidad. Con tanto que hablan de sexualidad desde Primaria
y Secundaria, sin una ética sexual adecuada, lo que más provocan es curiosidad
y deseos de experimentar lo que allí se expone. Y con todas las facilidades que
hoy tienen los niños, jóvenes y adolescentes, para informarse de sexo por
internet, sin educación moral, los resultados están a la vista. Más con lo que
todo mundo ve en las novelas de la televisión, en que no pueden faltar escenas
eróticas de todo color, se necesita mucha virtud para que alguien permanezca
virgen hasta el matrimonio. Agreguen a esto todas las facilidades que se dan
para abortar legalmente… ¡Cómo quieren que no haya embarazos prematuros! Y sin
una familia estable, sin unos padres que permanezcan fieles a su matrimonio, y
si no hablan con ciencia y con madurez emocional de estos temas con los hijos,
los embarazos prematuros y fuera de matrimonio, seguirán en aumento. La
solución no es dar más información sobre métodos anticonceptivos y regalar más
condones por parte de la Secretaría de Salud, sino que las familias estén bien
cimentadas y eduquen éticamente. Pero lo que las ideologías modernas quieren
imponer, destruye la institución familiar. Eso no es moderno. Eso es antihumano
y antisocial.
Hay
preocupación por la inseguridad social, por la violencia, por el aumento de
asaltos, robos y secuestros, por el
poder de los grupos narcotraficantes, por el abuso del alcohol y de las drogas,
por la inhumanidad de los criminales, por los suicidios juveniles. Los
analistas y los que tienen presencia en los medios de comunicación sólo afirman
que es por falta de eficacia de las autoridades, por deficiente vigilancia
policiaca, por la impunidad en los tribunales, por la inequidad social, por falta
de trabajo. Esto es verdad, pero la raíz más profunda está en el
resquebrajamiento de las familias, en la facilidad con que se disuelven los
matrimonios, en la ausencia de los padres, en la incapacidad de estos para
formar a los hijos en valores humanos y cristianos. Una familia bien
constituida es la que mejor educa para salir con la frente en alto y es el
mejor antídoto contra la degradación social. Pero como muchos creadores de
opinión no han conservado la estabilidad en su propio hogar, se defienden sólo
culpando al sistema y a la autoridad. Con buenas familias, habrá mejores
políticos y honestos líderes sociales.
PENSAR
El Papa Francisco, en su Exhortación sobre La
alegría del amor, dice: “El bien de la familia es decisivo para el futuro
del mundo y de la Iglesia” (31).
“Las
tensiones inducidas por una cultura
individualista exagerada de la posesión y del disfrute generan dentro de las
familias dinámicas de intolerancia y agresividad” (33). “La decadencia cultural
no promueve el amor y la entrega. Se traslada a las relaciones afectivas lo que
sucede con los objetos y el medio ambiente: todo es descartable, cada uno
usa y tira, gasta y rompe, aprovecha y estruja mientras sirva. Después,
¡adiós!” (39).
“La
crisis de los esposos desestabiliza la familia
y, a través de las separaciones y los divorcios, puede llegar a tener serias
consecuencias para los adultos, los hijos y la sociedad. Los fracasos dan
origen a nuevas relaciones, nuevas parejas, nuevas uniones y nuevos
matrimonios, creando situaciones familiares complejas y problemáticas”
(41).
“Necesitamos ayudar a los jóvenes a
descubrir el valor y la riqueza del matrimonio. Deben poder percibir el
atractivo de una unión plena que eleva y perfecciona la dimensión social de la
existencia, otorga a la sexualidad su mayor sentido, a la vez que promueve el
bien de los hijos y les ofrece el mejor contexto para su maduración y
educación” (205). “Es preciso recordar la importancia de las virtudes.
Entre estas, la castidad resulta condición preciosa para el crecimiento genuino
del amor interpersonal” (206).
ACTUAR
Completa
y corrige en tu familia la educación
sexual que tus hijos reciben en la escuela. Cuida tu familia como el bien
supremo, y no la destruyes por los problemas que se presenten. Educa a tus
hijos en el respeto a los demás, en el servicio a la comunidad y en la fe en un
Dios que nos ama y nos enseña lo que es el verdadero amor.

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