Católicos defienden al Cardenal Rivera
DLF Redacción
Los abajo firmantes queremos
expresar nuestra solidaridad con el señor Cardenal por la reciente oleada,
mejor dicho tsunami, de críticas y burlas de las que ha sido objeto con motivo
de su defensa del matrimonio y la familia.
Los abajo
firmantes queremos expresar nuestra
solidaridad con el señor Cardenal por la reciente oleada, mejor dicho tsunami,
de críticas y burlas de las que ha sido objeto con motivo de su defensa del
matrimonio y la familia.
Es
evidente que alguien ‘tiró línea’ a
periodistas y editorialistas de ciertos medios de comunicación en México para
que, de cinco artículos que publicó Desde la fe y que hablan de manera muy
caritativa, pero clara, acerca de los diversos daños que provoca el mal llamado
‘matrimonio homosexual’, todos, pero lo que se dice todos, sólo se hayan
centrado en una sola frase, la que explica de la función del ano, y la citan
escandalizados, pero no han podido refutarla, claro, porque no tiene
refutación.
Dichos
artículos fueron publicados hace más de
un año y nadie comentó nada, y ahora que se volvieron a publicar con motivo de
que el tema está de nuevo en el candelero, se nota que a esos periodistas
les ordenaron enfocarse, mejor dicho, ensañarse, en ese punto.
¡Qué
bueno!, porque eso nos ha servido a los
católicos para detectar quiénes son los comunicadores que odian y atacan a la
Iglesia Católica y para descubrir cómo son en realidad. Quisieron exhibir y
acabaron exhibidos.
Por
ejemplo, se exhibe Sanjuana Martínez,
cuando implica que sin relaciones sexuales anales se privaría de gran felicidad,
goce, placer y libertad.
Se exhibe
Braulio Peralta al inventar que ‘hizo el
amor’ con un sacerdote en una capilla; si hubiera sido cierto, sería tan
culpable como ese supuesto cura de realizar ese abominable sacrilegio.
Se exhibe
Guadalupe Loaeza, cuando asegura que el
señor Cardenal firmó el artículo, evidenciando que ella ni siquiera lo leyó,
pues dicha firma no aparece por ningún lado. Y se sigue exhibiendo, pues luego
se dedica a criticar la que, según ella, es la expresión de odio del señor
Cardenal, y se nota que no tiene argumentos, ni caridad, porque se burla, por
ejemplo, de que él tenga arrugas. ¿No las tiene ella también? Y luego de que
termina de escandalizarse del supuesto odio del señor Cardenal, dice que le hubiera
encantado estar entre los que se manifestaron afuera del Arzobispado. ¿Critica
el odio pero le hubiera gustado participar del odio? ¿Hubiera querido estar
entre los que se disfrazaron de cerdo y de calaca y pintarrajearon los muros
del edificio de la Arquidiócesis? ¿Y todavía propone consignas para corear,
que, carentes de todo ingenio, de nuevo denostan al señor Cardenal llamándolo
anciano?
Ella, que
se supone es católica, dice que quisiera
escribirle al Papa Francisco, ¿cree que él aprobaría su falta de caridad y de
respeto hacia un respetable miembro de la jerarquía de la Iglesia, a quien él
aprecia mucho y a quien ha confiado numerosas comisiones en el Vaticano? ¡Está
muy equivocada!
Y así por
el estilo están todos los demás, no
hay espacio para mencionarlos a todos.
Sólo nos
resta hacer notar nuestra admiración
porque, en medio de todo esto, el señor Cardenal ha mantenido una actitud
ejemplar, caritativa, cristiana, ha aguantado todo lo que le han dicho,
ofensas, insultos, burlas, sin jamás pronunciar una sola palabra altisonante o
de burla. Simplemente se ha limitado a dar a conocer la postura de la Iglesia,
que se basa en lo que pide el propio Jesús en la Biblia.
¿Por qué
lo atacan? Porque no respetan, no
soportan que sea, como es, coherente con su fe.
Dios lo
bendiga y le dé la recompensa prometida
a quienes son injustamente perseguidos por causa de su fe.
De veras
que todos los que se han prestado para
atacarlo dan pena ajena. Buscaban exhibir, y quedaron exhibidos. Oremos por
ellos.
T. Vera
Carta entregada con pliego de
firmas.

0 comentarios:
Publicar un comentario