Guillermo Gazanini Espinoza
Lo que he hecho es, en
conciencia, lo que yo creo, la voluntad de Dios, acompañar a mi pueblo herido.
En diferentes regiones de México se viven
situaciones dramáticas donde las personas están a merced del crimen organizado
y de la descomposición política que agrava las condiciones de la existencia, no
se respetan los derechos humanos y todo está en vilo, en incertidumbre.
Los
Obispos de México han denunciado el
estado de cosas lamentable y acompañan al pueblo para fortalecerlo en la fe y
consolidar las realidades del Reino. El Estado de Morelos, vecino a la capital
del país, está sometido; estos tiempos urgentes han hecho levantar la voz de
activistas, líderes y de la ciudadanía. La diócesis de Cuernavaca comprende la
totalidad de la entidad y ahí se escucha la de un pastor, Monseñor Ramón
Castro Castro.
Nació en Jalisco en enero de 1956 y fue ordenado en
1982 para la Arquidiócesis de Tijuana. Castro Castro ingresó al servicio
diplomático de la Santa Sede en 1989 prestando sus servicios en las nunciaturas
de Malawi, Zambia, Angola, Ucrania, Paraguay y Venezuela. Juan Pablo II lo
elevó a la dignidad episcopal para ser auxiliar de la Arquidiócesis de Yucatán
en 2004 y, posteriormente, el Papa Benedicto XVI le nombró obispo de Campeche
en 2006 hasta que el Santo Padre Francisco le encomienda el pastoreo de la
diócesis de Cuernavaca, el 15 de mayo de 2013.
Mons.
Castro enfrenta una realidad durísima
que le ha puesto como blanco de políticos y partidos. Recorre los treinta y
tres municipios del Estado para edificar el Reino denunciando atropellos de los
poderes instituidos o viviendo el dolor de las víctimas del crimen en actitud
de escucha y consuelo. Es la forma de hacer realidad esa Iglesia de salida, sea
por las nuevas tecnologías como a través de la evangelización, la dispensa de
los sacramentos y la Palabra. Hoy, el obispo de Cuernavaca, a pesar de las
tribulaciones, mantiene la paz fincado en Cristo y eso le fortalece sin
importar las consecuencias.

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