Desde su órgano informativo “tunde” al presidente
Editorial: El derecho es de los niños
DLF
Redacción
El proyecto de reformas no es
menor, y sus consecuencias serían gravísimas: en primer lugar, no se respeta la
dignidad de los niños,
Una de
las iniciativas presentadas en el “Día
de la lucha contra la homofobia” fue la de reformar el Código Civil Federal en
materia de prohibición de matrimonio de menores y de adopción. Al introducir la
posible modificación al artículo 390 de la mencionada disposición, se afirmaría
que quien adopte debe ser apto para hacerlo sin que la orientación sexual o la
identidad y expresión de género constituyan por sí mismas un obstáculo. Con
esto, se obligaría a todas las entidades del país a modificar sus legislaciones
para que personas homosexuales puedan generar relaciones de
paternidad-filiación en parentesco civil por la figura de la adopción.
El
proyecto de reformas no es menor, y sus
consecuencias serían gravísimas: en primer lugar, no se respeta la dignidad de
los niños, pues los pone como objetos y no como sujetos de derechos reconocidos
por Tratados Internacionales y por nuestras leyes, que ven, principalmente, por
su interés superior. Es de explorado derecho que los niños necesitan cuidados y
protección especiales, gozando de ambientes sanos y equilibrados, para procurar
de manera integral su desarrollo físico, mental, moral y espiritual, en
condiciones de libertad y dignidad otorgados por el padre y la madre, en
quienes se reconoce el derecho de contraer matrimonio y fundar una familia.
Según el
censo 2010, en México había 32.5
millones de niños, entre los cero y los 14 años de edad. El 73.5 por ciento
vive con ambos padres en su hogar; 15.9 por ciento sólo con la madre; 1.1 por
ciento con el padre, y 3.3 por ciento con ninguno de los dos. En ese año se
había identificado a 30 mil niños, niñas y adolescentes habitando en
casas-hogar, orfanatos y casas-cuna de todo el país. Por otro lado, según
cifras de la Red por los Derechos de la Infancia en México, había 29 mil niños
sin cuidados familiares ni protección institucional alguna.
La irresponsable iniciativa del
Presidente Enrique Peña Nieto trastoca un tema delicado y de especial
sensibilidad social. Bajo la
perspectiva de la opinión pública, no goza de la mayor simpatía y aprobación.
Desde la óptica jurídica, sería necesario considerar, primero, la
reestructuración y homologación del sistema de adopciones, donde impera una
burocracia que socava el derecho de los niños a gozar de ambientes armónicos. Hay
miles de familias, fundadas por un
hombre y una mujer, en espera de adoptar a un pequeño, es a ellos a quienes
se les debe dar esta oportunidad.
En
segundo lugar, debe protegerse a la
infancia para gozar de un padre y una madre. La desafortunada reforma parece
correr a la inversa, privilegiando caprichos homosexualistas por conseguir un
hijo, como si se tratara de trofeo de ideologías de género. Hay que decirlo
con todas sus palabras: esto no es normal ni saludable para ningún niño. Como
bien advierte el Papa Francisco: “Todo
niño tiene derecho a recibir el amor de una madre y de un padre, ambos
necesarios para su maduración e integración amorosa… Ambos, varón y mujer,
padre y madre son cooperadores del amor de Dios creador y en cierta manera sus
intérpretes”. No permitamos que se conviertan en cosas. Los niños son
personas, no mascotas.
Si esta administración quiere proteger a los
niños en todas sus dimensiones y fortalecer su interés superior como lo señala
la Constitución, entonces se demanda el inmediato retiro de la iniciativa para
ser devuelta a su promotor, el Ejecutivo Federal. No puede dejarse, como
sucedió en la Ciudad de México, que el tema de las adopciones pase sin la menor
discusión, análisis y sentido de responsabilidad. Un hijo no se reduce a simple
posesión caprichosa ni, como ya se señaló, es un trofeo de las ideologías de
género, las cuales reclaman un derecho, que es un falso derecho, porque no
existe el derecho de adoptar, sino el derecho humano de ser adoptado, y no por
parejas disfuncionales en su sexualidad y afectividad, sino por padres normales
que naturalmente deben ser un padre y una madre. El proyecto del Presidente de la República que reforma el Código Civil
Federal no es una norma justa ni equitativa, ni mira por el bien superior de
los niños. Es, por el contrario, una norma profundamente inmoral e injusta que
hace de los niños objetos, lo que los convierte en víctimas inocentes.

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