Carlos Villa Roiz
“Por el clima de mejor
entendimiento y colaboración que se esta instaurando entre la Iglesia y las
autoridades civiles”
El
lamentable fallecimiento de Mons.
Girolamo Prigione obliga a hacer un repaso del importante papel que tuvo en la
historia de las relaciones entre México y la Santa Sede, pues él se desempeñó
como Delegado Apostólico y primer Nuncio en nuestro país, desde febrero de 1978
al 2 de abril de 1997. Mons. Prigione substituyó como Delegado Apostólico a
Mons. Sotero Sanz Villalba quien permaneció en nuestro país poco menos de
un año hasta el 17 de enero de 1978, en tiempos del presidente José López
Portillo.
Mons. Girolamo Prigione recibió al Papa San Juan
Pablo II durante sus tres primeros viajes pastorales, cuando aún no existían
relaciones diplomáticas entre ambos países, e incluso vivió momentos tan
difíciles como el Card. Juan José Posadas
Ocampo quien fue asesinado en el aeropuerto de Guadalajara.
Cuando
tomó posesión como presidente de México
Carlos Salinas de Gortari, Mons. Prigione y algunos obispos de la Conferencia
del Episcopado Mexicano, CEM, fueron invitados a esa ceremonia, y ya como
Presidente, atendió las palabras del Papa polaco en su segundo viaje a México,
cuando se congratuló “por el clima de mejor entendimiento y colaboración que se
esta instaurando entre la Iglesia y las autoridades civiles”, y finalmente, el
deseo de que la Iglesia “no fuera tratada como extraña” como dijo Mons. Adolfo
Suárez, Arzobispo de Monterrey y presidente de la CEM, y se prosiguiera
hacia las relaciones diplomáticas formales.
Incontables
fueron las reuniones que tuvieron Mons.
Prigione con los obispos de la CEM, organizados en una Comisión en la que tuvo
especial incidencia el obispo Luis Reynoso, y otra Comisión por parte del
Estado, que encabezaba el Gobernador de Querétaro, el Lic. Palacios
Alcocer.
Los
partidos políticos PRI, PAN y PRD ya
habían solicitado en la Cámara de Diputados una reforma para modernizar la
legislación referente a las iglesias “como un compromiso con la democracia”, y
finalmente, el 15 de julio de 1992, mediante la publicación en el Diario
Oficial de la Federación, se expidió finalmente la Ley de Asociaciones
Religiosas y Culto Público por lo que las iglesias gozaron de una personalidad
jurídica ante el Estado, con lo que se cerró un largo ciclo de distanciamiento
en un país de gran mayoría católica. El 20 de septiembre de aquel año se hizo
el anuncio oficial de las relaciones diplomáticas entre México y la Santa Sede,
y fueron nombrados el embajador Enrique
Olivares Santana y el nuncio Giroldamo Prigione.
Otro
aspecto relevante durante el ejercicio
diplomático en México de Mons. Prigione fueron las designaciones pontificias de
varios obispos y arzobispos de nuestro país, entre ellos, el del Card. Norberto
Rivera Carrera, Arzobispo Primado de México.
También
se debe recordar que durante su labor
diplomática, tuvieron lugar importantes beatificaciones como las del Padre
Miguel Agustín Pro, San Juan Diego, los Tres Niños Mártires de Tlaxcala, y el
Padre Yermo y Parres.

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