Girolamo Prigione y la democracia en México

viernes, 27 de mayo de 2016


Carlos Villa Roiz

“Por el clima de mejor entendimiento y colaboración que se esta instaurando entre la Iglesia y las autoridades civiles”

El lamentable fallecimiento de Mons. Girolamo Prigione obliga a hacer un repaso del importante papel que tuvo en la historia de las relaciones entre México y la Santa Sede, pues él se desempeñó como Delegado Apostólico y primer Nuncio en nuestro país, desde febrero de 1978 al 2 de abril de 1997. Mons. Prigione substituyó como Delegado Apostólico a Mons. Sotero Sanz Villalba quien permaneció en nuestro país poco menos de un año hasta el 17 de enero de 1978, en tiempos del presidente José López Portillo.

Mons. Girolamo Prigione recibió al Papa San Juan Pablo II durante sus tres primeros viajes pastorales, cuando aún no existían relaciones diplomáticas entre ambos países, e incluso vivió momentos tan difíciles como el Card. Juan José Posadas Ocampo quien fue asesinado en el aeropuerto de Guadalajara.

Cuando tomó posesión como presidente de México Carlos Salinas de Gortari, Mons. Prigione y algunos obispos de la Conferencia del Episcopado Mexicano, CEM, fueron invitados a esa ceremonia, y ya como Presidente, atendió las palabras del Papa polaco en su segundo viaje a México, cuando se congratuló “por el clima de mejor entendimiento y colaboración que se esta instaurando entre la Iglesia y las autoridades civiles”, y finalmente, el deseo de que la Iglesia “no fuera tratada como extraña” como dijo Mons. Adolfo Suárez, Arzobispo de Monterrey y presidente de la CEM, y se prosiguiera hacia las relaciones diplomáticas formales. 

Incontables fueron las reuniones que tuvieron Mons. Prigione con los obispos de la CEM, organizados en una Comisión en la que tuvo especial incidencia el obispo Luis Reynoso, y otra Comisión por parte del Estado, que encabezaba el Gobernador de Querétaro, el Lic. Palacios Alcocer.

Los partidos políticos PRI, PAN y PRD ya habían solicitado en la Cámara de Diputados una reforma para modernizar la legislación referente a las iglesias “como un compromiso con la democracia”, y finalmente, el 15 de julio de 1992, mediante la publicación en el Diario Oficial de la Federación, se expidió finalmente la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público por lo que las iglesias gozaron de una personalidad jurídica ante el Estado, con lo que se cerró un largo ciclo de distanciamiento en un país de gran mayoría católica. El 20 de septiembre de aquel año se hizo el anuncio oficial de las relaciones diplomáticas entre México y la Santa Sede, y fueron nombrados el embajador Enrique Olivares Santana y el nuncio Giroldamo Prigione.

Otro aspecto relevante durante el ejercicio diplomático en México de Mons. Prigione fueron las designaciones pontificias de varios obispos y arzobispos de nuestro país, entre ellos, el del Card. Norberto Rivera Carrera, Arzobispo Primado de México. 


También se debe recordar que durante su labor diplomática, tuvieron lugar importantes beatificaciones como las del Padre Miguel Agustín Pro, San Juan Diego, los Tres Niños Mártires de Tlaxcala, y el Padre Yermo y Parres.

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