SIAME
En vísperas de su viaje a México,
el Santo Padre pide no tapar la violencia que sufre México, sino denunciarla.
Con
motivo de su próximo viaje a nuestro país, el Papa Francisco ofreció una entrevista a Notimex, donde reconoció que la
situación de inseguridad y violencia en México equivale a una guerra, por lo
que hizo un llamado a “no tapar, sino a denunciar la corrupción y la
violencia generada por el narcotráfico en el país”.
Desde
siempre, el semanario Desde la fe ha
tenido muy claro este deber profético en su línea editorial, por lo que a
través de sus artículos editoriales ha denunciado sin ambages los distintos
problemas que sufre el país, entre ellos, los ocasionados por la presencia del
crimen organizado en algunos puntos del territorio nacional, incluido el
estado de Michoacán, que visitará Su Santidad el próximo 16 de febrero.
En su
editorial titulado “Queremos Paz”,
publicado el pasado 31 de enero, el semanario de la Arquidiócesis de México
recordó que en lo que va de enero han ocurrido 52 homicidios violentos, y en
tres meses, 290 homicidios dolosos en dicha entidad.
Sin
embargo, esta dramática realidad no ha
sido reconocida, sino más bien criticada, por algunos sectores que se niegan a
aceptar que México sufre una de las peores crisis de violencia en su historia.
Y es que, la verdad no peca, pero incomoda.
En la
misma entrevista, el Papa nos recuerda:
“ustedes están viviendo su pedacito de 'guerra', su pedacito de sufrimiento, de
violencia, de tráfico organizado (…) Quisiera ser en México un instrumento de
paz, pero con todos ustedes”.
“Por
supuesto, yo no quiero tapar nada de eso
¬–nos aclara el Papa– al contrario, quiero exhortarlos a la lucha de todos los
días contra la corrupción, contra el tráfico, contra la guerra, contra la
desunión, contra el crimen organizado, contra la trata de personas”,
puntualiza el Santo Padre.
En su
mensaje, el Santo Padre insiste también
sobre su idea de cómo deben ser y actuar los miembros de la Iglesia Católica,
a los que él quiere inmersos en los problemas de las sociedades en las que
viven.
“La fe
tiene que crecer y salir hacia fuera, y
meterse en la vida de todos los días, una fe pública”, recordó. Además,
explicó: “Si la fe no sale a la calle, no sirve, y que la fe salga a la calle
no significa solamente hacer una procesión”.
En este
sentido, hizo otro llamado para que la
Iglesia se involucre en los problemas cotidianos de las personas

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