Vladimir Alcántara
Ante cientos de miles de personas
que se dieron cita en Ecatepec, el Santo Padre criticó el pan que se obtiene
mediante la corrupción, “un pan con sabor a dolor, amargura y sufrimiento”.
Este 14
de febrero, alrededor de las 11:30 de la
mañana, el Papa Francisco llegó al área del Centro de Estudios de Ecatepec,
conocida como “El Caracol”, donde presidió la Misa multitudinaria –una de las
actividades más importantes de su visita–, misma que fue concelebrada por el
Obispo de Ecatepec, Mons. Roberto Domínguez Couttolenc, y sacerdotes de la
diócesis local.
Ante
cientos de miles de fieles congregados en este predio de Ecatepec –municipio
del Estado de México caracterizado por sus altos niveles de marginación y
violencia–, el Santo Padre habló de las tres tentaciones que amenazan constantemente
a toda sociedad: la riqueza, la vanidad y el orgullo, que rompen con la imagen
que ha querido plasmar en la gran familia humana el Señor, el Dios del ‘Padre
Nuestro’, no del ‘padre mío’ y ‘padrastro de ustedes’.
Al
abordar el tema de la riqueza, primera
de las tentaciones citadas, el Sumo Pontífice dijo que el adueñarnos de los
bienes que han sido dados para todos y utilizarlos sólo para mí o “para los
míos”, significa obtener el “pan” a base del sudor o la vida del otro, de
manera que es un pan con sabor a dolor, amargura y sufrimiento; un pan que
se le da de comer a los hijos en toda familia o sociedad corrupta.
La segunda tentación: la vanidad –agregó el
Santo Padre–, es esa búsqueda de prestigio con base en la descalificación
continua y constante de los que ‘no son como uno’, el querer alcanzar esos
cinco minutos de fama que no perdona la fama de los demás, haciendo leña del
árbol caído, lo cual abre paso a la tercera tentación: el orgullo, “que es
ponerse en un plano de superioridad del tipo que sea, sintiendo que no se
comparte la vida común de los mortales, y que reza todos los días: ‘gracias,
Señor, porque no me has hecho como ellos’”.
Aseguró
que Dios sabe tener un amor único, pero
no sabe generar ni crear hijos únicos, “es un Dios que sabe de hogar, de
hermandad, de pan partido y compartido. Vale la pena entonces preguntarnos
hasta dónde somos conscientes de estas tentaciones en nuestra persona y hasta
dónde nos hemos habituado a un estilo de ser que piensa que en la riqueza,
en la vanidad y en el orgullo está la fuente y la fuerza de la vida”.
Así, Su
Santidad llamó a todos los presentes a optar
por Dios y no por el demonio –con el que
no se dialoga, porque siempre se saldrá perdiendo–, a no ser seducidos por
el dinero, la fama y el poder, asegurando que la Cuaresma es un buen momento
para recuperar esa esperanza que nos hace sentirnos hijos amados del Padre,
quien nos espera para quitarnos la ropa
de la desconfianza y vestirnos con la de la dignidad, vestimentas que nacen de
la ternura y del amor. “El nos está esperando y quiere sanar nuestro corazón de
todo lo que lo degrada, degradándose o degradando. Es el Dios que tiene un
nombre: misericordia”, señaló.
Finalmente,
el Santo Padre llamó a los mexicanos a
ser el pueblo de la memoria viva, y heredar a los hijos el fruto de la fe, que
nos hace levantar la cabeza; así como a mirar en cada hombre a un hermano y en
cada hermano a Cristo, para hacer de México una tierra de oportunidades,
donde no haya necesidad de emigrar a causa del oportunismo de unos pocos, donde no haya que llorar la ausencia de
niños y jóvenes que son atraídos por el narcotráfico.
“¡Esta tierra tiene sabor
guadalupano! –dijo el Papa Francisco, con la voz quebrada y los ojos anegados–.
Virgen Santa, ayúdanos a resplandecer en la fe, en la justicia y en el amor a
los pobres. Y les pido a todos que, por favor, no se olviden de rezar por mí”,
finalizó.
Por su
parte, Mons. Roberto Domínguez
Couttolenc agradeció al Papa Francisco su visita a este territorio, donde se
experimenta la violencia, el hambre y la miseria, problemáticas que “han roto
la armonía con Dios y con la creación. ¡Gracias, Santo Padre, por venir a
reafirmarnos en la fe, la esperanza y la caridad!
El Papa descansa en Ecatepec; regresará a la Ciudad
de México para encontrarse con niños que padecen cáncer
Alejandro Cruz Domínguez
El trayecto hacia el Seminario
Diocesano, donde descansa ahora, consistió en un recorrido de 4.5 kilómetros.
Luego de
concluir, en punto de las 13:14 horas la
Misa multitudinaria en el Centro de Estudios Ecatepec, el Papa Francisco se
dirigió en papamóvil abierto a tomar un descanso y comer en el Seminario
Diocesano junto con su comitiva.
El
trayecto hacia el Seminario Diocesano
consistió en un recorrido de 4.5 kilómetros, donde el Sumo Pontífice fue
nuevamente ovacionado por miles de personas que lo vieron pasar por las calles
del municipio mexiquense.
A las 16:45 horas se tiene previsto que el Papa
vuelva al predio del Tianguis de Autos Ballisco donde abordará el helicóptero
que lo trasladará de regreso a la Ciudad de México.
Una vez
en la Ciudad de México, se trasladará al
Hospital Pediátrico “Federico Gómez”, donde será recibido por la esposa del
presidente Enrique Peña Nieto, Angélica Rivera, y el director del nosocomio,
el Dr. José Alberto García.
En el
hospital, el Pontífice celebrará un
encuentro a puertas cerradas con niños que padecen cáncer y con las
autoridades del nosocomio.
Al borde de las lágrimas el
encuentro del Papa Francisco con niños enfermos de cáncer en el Hospital
Pediátrico “Federico Gómez”
Por
Francisco Ortega Hernández
Realmente
emotivo, casi al borde de las lágrimas,
resultó el encuentro del Papa Francisco con niños enfermos de cáncer en el
Hospital Pediátrico “Federico Gómez”, donde una pacientita le cantó “El Ave
María” la que Su Santidad escuchó emocionado, muy emocionado.
Fue un recorrido que iluminó las caritas de los
pacientitos, muchos de ellos, le entregaron dibujos y cartitas; otros más le pidieron
su autógrafo, unos más se tomaron un “selfie”; en tanto, Su Santidad besaba la
cabecita de los enfermitos y con algunos de los infantes se puso a platicar,
dándoles su mensaje de amor.
Visiblemente conmocionado, recorrió el pabellón de los
enfermitos con cáncer avanzado dejando su mensaje solidario. El Papa Francisco
mostró su grandeza con la más humilde de la humildad.



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