(Día tres) Llora el Papa Francisco por México, “tierra con sabor guadalupano”

domingo, 14 de febrero de 2016


Vladimir Alcántara
Ante cientos de miles de personas que se dieron cita en Ecatepec, el Santo Padre criticó el pan que se obtiene mediante la corrupción, “un pan con sabor a dolor, amargura y sufrimiento”.

Este 14 de febrero, alrededor de las 11:30 de la mañana, el Papa Francisco llegó al área del Centro de Estudios de Ecatepec, conocida como “El Caracol”, donde presidió la Misa multitudinaria –una de las actividades más importantes de su visita–, misma que fue concelebrada por el Obispo de Ecatepec, Mons. Roberto Domínguez Couttolenc, y sacerdotes de la diócesis local.

Ante cientos de miles de fieles congregados en este predio de Ecatepec –municipio del Estado de México caracterizado por sus altos niveles de marginación y violencia–, el Santo Padre habló de las tres tentaciones que amenazan constantemente a toda sociedad: la riqueza, la vanidad y el orgullo, que rompen con la imagen que ha querido plasmar en la gran familia humana el Señor, el Dios del ‘Padre Nuestro’, no del ‘padre mío’ y ‘padrastro de ustedes’.

Al abordar el tema de la riqueza, primera de las tentaciones citadas, el Sumo Pontífice dijo que el adueñarnos de los bienes que han sido dados para todos y utilizarlos sólo para mí o “para los míos”, significa obtener el “pan” a base del sudor o la vida del otro, de manera que es un pan con sabor a dolor, amargura y sufrimiento; un pan que se le da de comer a los hijos en toda familia o sociedad corrupta.

La segunda tentación: la vanidad –agregó el Santo Padre–, es esa búsqueda de prestigio con base en la descalificación continua y constante de los que ‘no son como uno’, el querer alcanzar esos cinco minutos de fama que no perdona la fama de los demás, haciendo leña del árbol caído, lo cual abre paso a la tercera tentación: el orgullo, “que es ponerse en un plano de superioridad del tipo que sea, sintiendo que no se comparte la vida común de los mortales, y que reza todos los días: ‘gracias, Señor, porque no me has hecho como ellos’”.

Aseguró que Dios sabe tener un amor único, pero no sabe generar ni crear hijos únicos, “es un Dios que sabe de hogar, de hermandad, de pan partido y compartido. Vale la pena entonces preguntarnos hasta dónde somos conscientes de estas tentaciones en nuestra persona y hasta dónde nos hemos habituado a un estilo de ser que piensa que en la riqueza, en la vanidad y en el orgullo está la fuente y la fuerza de la vida”.

Así, Su Santidad llamó a todos los presentes a optar por Dios y no por el demonio –con el que no se dialoga, porque siempre se saldrá perdiendo–, a no ser seducidos por el dinero, la fama y el poder, asegurando que la Cuaresma es un buen momento para recuperar esa esperanza que nos hace sentirnos hijos amados del Padre, quien nos espera para quitarnos la ropa de la desconfianza y vestirnos con la de la dignidad, vestimentas que nacen de la ternura y del amor. “El nos está esperando y quiere sanar nuestro corazón de todo lo que lo degrada, degradándose o degradando. Es el Dios que tiene un nombre: misericordia”, señaló.

Finalmente, el Santo Padre llamó a los mexicanos a ser el pueblo de la memoria viva, y heredar a los hijos el fruto de la fe, que nos hace levantar la cabeza; así como a mirar en cada hombre a un hermano y en cada hermano a Cristo, para hacer de México una tierra de oportunidades, donde no haya necesidad de emigrar a causa del oportunismo de unos pocos, donde no haya que llorar la ausencia de niños y jóvenes que son atraídos por el narcotráfico.

“¡Esta tierra tiene sabor guadalupano! –dijo el Papa Francisco, con la voz quebrada y los ojos anegados–. Virgen Santa, ayúdanos a resplandecer en la fe, en la justicia y en el amor a los pobres. Y les pido a todos que, por favor, no se olviden de rezar por mí”, finalizó.

Por su parte, Mons. Roberto Domínguez Couttolenc agradeció al Papa Francisco su visita a este territorio, donde se experimenta la violencia, el hambre y la miseria, problemáticas que “han roto la armonía con Dios y con la creación. ¡Gracias, Santo Padre, por venir a reafirmarnos en la fe, la esperanza y la caridad!


 El Papa descansa en Ecatepec; regresará a la Ciudad de México para encontrarse con niños que padecen cáncer

Alejandro Cruz Domínguez
El trayecto hacia el Seminario Diocesano, donde descansa ahora, consistió en un recorrido de 4.5 kilómetros.
Luego de concluir, en punto de las 13:14 horas la Misa multitudinaria en el Centro de Estudios Ecatepec, el Papa Francisco se dirigió en papamóvil abierto a tomar un descanso y comer en el  Seminario Diocesano junto con su comitiva.

El trayecto hacia el Seminario Diocesano consistió en un recorrido de 4.5 kilómetros, donde el Sumo Pontífice fue nuevamente ovacionado por miles de personas que lo vieron pasar por las calles del municipio mexiquense.

A las 16:45 horas se tiene previsto que el Papa vuelva al predio del Tianguis de Autos Ballisco donde abordará el helicóptero que lo trasladará de regreso a la Ciudad de México.

Una vez en la Ciudad de México, se trasladará al Hospital Pediátrico “Federico Gómez”, donde será recibido por la esposa del presidente Enrique Peña Nieto, Angélica Rivera, y el director del nosocomio, el Dr. José Alberto García.


En el hospital, el Pontífice celebrará un encuentro a puertas cerradas con niños que padecen cáncer y con las autoridades del nosocomio.



Al borde de las lágrimas el encuentro del Papa Francisco con niños enfermos de cáncer en el Hospital Pediátrico “Federico Gómez”

Por Francisco Ortega Hernández

Realmente emotivo, casi al borde de las lágrimas, resultó el encuentro del Papa Francisco con niños enfermos de cáncer en el Hospital Pediátrico “Federico Gómez”, donde una pacientita le cantó “El Ave María” la que Su Santidad escuchó emocionado, muy emocionado.


Fue un recorrido que iluminó las caritas de los pacientitos, muchos de ellos, le entregaron dibujos y cartitas; otros más le pidieron su autógrafo, unos más se tomaron un “selfie”; en tanto, Su Santidad besaba la cabecita de los enfermitos y con algunos de los infantes se puso a platicar, dándoles su mensaje de amor.


Visiblemente conmocionado, recorrió el pabellón de los enfermitos con cáncer avanzado dejando su mensaje solidario. El Papa Francisco mostró su grandeza con la más humilde de la humildad. 

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