Dan a conocer nuevas cifras de sacerdotes
asesinados
Alejandro Cruz Domínguez
De 1990 a 2015, la lista de
personas de Iglesia que han perdido la vida son: 1 cardenal, 38 sacerdotes, 1
diácono, 4 religiosos, 5 laicos-sacristán y 1 periodista católica.
La Unidad
de Investigación del Centro Católico
Multimedial (CCM), publicó el reporte anual 2015, con la información
actualizada de sacerdotes, religiosos y laicos que han perdido la vida en
México “a causa de proseguir con ardor su misión eclesial a pesar de las
dificultades y de la situación de violencia permanente que se vive el país”.
De
acuerdo con el P. Omar Sotelo Aguilar,
quien dirige el CCM, los datos de la reciente investigación indican que de 1990
a 2015, la lista de personas del mundo eclesiástico que han perdido la vida
son: 1 cardenal, 38 sacerdotes, 1 diácono, 4 religiosos, 5 laicos-Sacristán y 1
periodista católica.
En este
tenor, el porcentaje de atentados, más
usual, corresponde a secuestro y tortura, 44%; robo a parroquia, 35%; agresión
en calle, 15%; y causa desconocida, 6 por ciento.
Si vemos
el balance de los últimos 12 meses, la
información refiere que son tres sacerdotes los que pagaron con su vida al ser
levantados y secuestrados por grupos del crimen organizado. Se tratan del
P. Israel Garrido, párroco de la Iglesia de San Benito Abad, en el Estado de
México; el P. Francisco Javier Gutiérrez Díaz, de la Confraternidad de los
Operarios del Reino de Cristo (CORC), adscrito a la Arquidiócesis de Morelia
Michoacán; así como el P. Erasto Pliego de Jesús, párroco de Cuyoaco, adscrito
a la Arquidiócesis de Puebla, quien fue asesinado a sangre fría.
Desde hace 25 años que se realiza la medición,
los datos analizados señalan al estado de Guerrero y al Distrito Federal como
las entidades más peligrosas para el ejercicio ministerial, con un 15% cada
uno. Le sigue Chihuahua y Michoacán, con 9% cada uno; Veracruz, 8%; Baja
California, Tamaulipas y Puebla, con 6% cada uno; Oaxaca, Jalisco, Estado de
México, con 4% cada uno; Coahuila, Hidalgo, Aguascalientes, Guanajuato,
Sinaloa, Durango y Colima con un 2% cada uno.
Además,
el gobierno que encabeza el Lic. Enrique Peña Nieto se perfila como uno de los
más difíciles en la historia moderna de
México. Sí vemos el fenómeno en los tres primeros años de la presente
administración, se tiene registro total de 15 atentados: 11 corresponden a
sacerdotes, 1 seminarista y 1 laico sacristán; además, 2 presbíteros aún
continúan desaparecidos.
Por lo
tanto, los crímenes de odio se han
incrementado en el presente gobierno. El análisis indica que se registra un
aumento de un 67% al cierre de 2015, comparado con el tercer año del
ex-presidente Calderón Hinojosa.
La tendencia hacia el 2018, indica que
concluirá su mandato con un alza de un 100%, por encima del saldo rojo del ex
presidente Felipe Calderón, lo que significa un lamentable cierre de sexenio
para el sector religioso de México.
Los datos
aquí expuestos, señalan lamentablemente,
a la República Mexicana como el país latinoamericano más peligroso para ejercer
el ministerio sacerdotal. Si vemos el fenómeno en perspectiva histórica, el
panorama no es alentador, toda vez que nuestro país cumple una década como
primer lugar en crímenes de odio contra sacerdotes, religiosos y laicos. Le
sigue en peligrosidad Colombia, Brasil, Venezuela, Estados Unidos,
Guatemala, El Salvador y Perú, entre otros.
Para el
P. Sotelo, una señal de esperanza que se
vislumbra para México se encuentra en que este fenómeno ha llamado la atención
de la comunidad internacional, y propiamente del Congresista Jeff Duncan
(tercer Distrito, Sur de Carolina R-SC-03), quién se desempeña como Presidente
del Comité de la Cámara en los Estados Unidos de Norte América.
Este
legislador está promoviendo en el
Subcomité de Asuntos Exteriores para el Hemisferio Occidental, recomendaciones
bajo la declaración en la 12ma audiencia del Subcomité titulado: “Desafíos
a la Libertad Religiosa en las Américas”.
“Ante el fenómeno de la creciente agresión contra
sacerdotes, ocurridos en México durante 1990 y 2015, la situación actual nos
lleva a poner el dedo en la llaga, al señalar que poco se ha hecho por mejorar
la problemática que vive el sector religioso y más aún, esclarecer los
magnicidios de sacerdotes, religiosos y laicos caídos en cumplimiento de su
ministerio sacerdotal”, explicó.
Y esto
deriva en parte, de la situación
violenta que está viviendo nuestro país, y que se traduce, por un lado, en
vandalismo o robo de arte sacro; y por otro, en extorsiones, secuestros o
crímenes contra sacerdotes y demás agentes de pastoral.
La
realidad mexicana nos dice que estamos
marcados fuertemente por un secularismo exacerbado, es decir, por una
irreligiosidad que pretende poner a un lado todo lo que “huela” a religioso. De
ahí que la Iglesia actualmente vive una situación sistemática de desprestigio,
por parte de pensamientos distorsionados que lanzan sus ataques
concretamente hacia la fe católica.

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