Morelos a merced del crimen
La corrupción tiene nombres y apellidos en esa
entidad, asegura la Iglesia
DLF Redacción
Morelos está a merced del crimen
organizado que opera de forma despiadada y ruin; Estado fallido por los índices
de pobreza y violencia, a pesar de los vacuos argumentos triunfalistas del
gobierno, que alardea importantísimas inversiones que según fomentan el
progreso y estabilidad.
El asesinato de Gisela Mota Ocampo muestra la
horrible condición del país y el fracaso de promesas por el restablecimiento de
la paz y el orden que desde distintos niveles de gobierno se ofrecen a la
ciudadanía, con cifras que en realidad contrastan con la gravísima descomposición.
Morelos
está a merced del crimen organizado que
opera de forma despiadada y ruin; Estado fallido por los índices de pobreza y
violencia, a pesar de los vacuos argumentos triunfalistas del gobierno, que
alardea importantísimas inversiones que según fomentan el progreso y
estabilidad. Las cifras de desarrollo humano del Coneval dicen que el 45% de
los morelenses padecen pobreza, y la violencia es fustigante de la población,
particularmente en contra de las mujeres, cuando en agosto pasado la Secretaría
de Gobernación emitió alerta de género por los más de 630 feminicidios
cometidos durante los últimos 15 años en distintos municipios.
En
Morelos, la corrupción tiene nombres y
apellidos. El Estado es trampolín político para aspiraciones presidenciales y
la bajeza del oficio del gobierno estatal juega a desacreditar y amenazar a
quienes pueden ser estorbo; la incapacidad política solapa al crimen organizado
ante la desestructuración institucional, las fracturas entre alcaldes y la
penetración del narcotráfico que lleva más de 70 políticos asesinados.
La última
fue la alcaldesa perredista quien, según testigos de su sacrificio, murió cruel
y despiadadamente. Ante esta
descomposición, la Iglesia Católica en Morelos encabezada por su Obispo, Mons.
Ramón Castro Castro, ha denunciado la división, el miedo, la denostación y el
imperio del crimen sobre el estado de derecho en la entidad. Él mismo sufre
amenazas, como sucedió durante la convocatoria de la Marcha por la Paz en mayo
de 2015. Durante la Misa de exequias de la desaparecida alcaldesa condenó la
escalada de violencia, y advirtió que el Estado es presa del mal ante el
fracaso de la estrategia de seguridad pública. En palabras de Monseñor Castro,
“el primer pensamiento que viene al corazón es algo que nos invade: la
indignación”.
Y así es,
indignación por la incapacidad del gobierno ante la necedad y caprichos,
convirtiendo a Morelos en feudo de
avaricia, corrupción, desolación y muerte; indignación porque lo que suponía la
alternancia democrática resultó cobijo de corruptelas, de contubernios con el
crimen organizado, autoritarismo y prevaricación; indignación por el lucro de
políticos sin oficio al mercar con el dolor del pueblo morelense para hacer de la tragedia el botín de
nefastas e inicuas intenciones de poder; indignación por haber hecho de la
entidad que fue cuna de la justicia social, un Estado fallido por el cinismo
de políticos abyectos y mezquinos. Indignación por someter a Morelos a la cultura
del descarte.
A unos
días de la visita del Papa Francisco a México, es útil recordar sus palabras
sobre la obligación de quienes sostienen
la vocación política para que no triunfe la cultura de la muerte, y es la
afirmación del cristianismo ante la dura y difícil situación que padecemos:
“Nuestra respuesta, en cambio, es de esperanza y de reconciliación, de paz y de
justicia. Se nos pide tener el coraje y usar nuestra inteligencia para resolver
las crisis que abundan hoy… Nuestro trabajo se centra en devolver la esperanza,
corregir las injusticias, mantener la fe en los compromisos, promoviendo así la
recuperación de las personas y de los pueblos. Ir hacia adelante juntos, en un
renovado espíritu de fraternidad y solidaridad, cooperando con entusiasmo al
bien común”, para dejar de lado la indiferencia ante la ola de
destrucción que parece no perturbar nuestras conciencias.

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