Trabajos en la autopista México-Puebla
reducen al mínimo carriles hacia el DF
Gavillas acechan a romeros, sobre todo
a la altura de Chalco y entrada al oriente de la capital del país
Por Francisco
Ortega Hernández
La verdad, los ríos de peregrinos que se dirigen
hacia la Basílica de Guadalupe en el Distrito Federal, corren riesgos extremos
para cumplir su manda al postrarse a los pies de la Morenita del Tepeyac.
Tan sólo, por
enumerar alguno de los riesgos, en la
autopista México-Puebla, los trabajos de lo que será el segundo piso de la
transitada vía de la capital poblana hacia la planta Volkswagen, se reducen los
carriles con sentido a la ciudad de México, lo que provoca que los operadores
de trailers, camiones de redilas y autobuses de pasajeros, pasen rosando a los
peregrinos que van a pie, corriendo, en bicicletas y camionetas.
Al margen de
ello, los elementos de la Policía
Federal brillan por su ausencia, ya no para escoltar a las numerosas
peregrinaciones; al menos, indicar a los “cafres” del volante que reduzcan
su velocidad.
Que decir, cuando los peregrinos se acercan al estado
de México y a la capital del país, donde verdaderas “gavillas” los atacan para
robar sus pertenecías; y si pasan estas dos peligrosas aduanas, en el DF se
abre como un “calvario” la larguísima calzada Zaragoza, para empotrarse al
circuito interior y así entroncar con la calzada de Guadalupe.
En el mismo atrio del Tepeyac, decenas de rateros
ven a las y los peregrinos como un cuantioso “botín”; mismo sentimiento,
despiertan en comerciantes abusivos de la zona. Sin dejar de lado a franeleros, prostitutas y otra clase de “alimañas”
humanas que tratan de hacer su “agosto” en pleno diciembre.
Sólo el fervor de los peregrinos hace que puedan
sortear toda la clase de peligros en su misión de venerar a la Virgen de
Guadalupe. Para por cierto, ninguno de las y los romeros son “acarreados”.

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