Editorial: La dictadura de la Corte
Domingo,
15 de noviembre de 2015, 14:00 horas
DLF Redacción
La decisión de la Suprema Corte
de Justicia de la Nación (SCJN) al permitir el uso recreativo de la mariguana y
considerar que la prohibición “va contra el libre desarrollo de la
personalidad”.
El
miércoles 4 de noviembre se escribió otro capítulo
de ignominia en la historia judicial de México. Algunos lo calificaron de
trascendente, pero más bien demostró la crisis
de un sistema pervertido, fincado en el individualismo, arraigado en la
cultura de la muerte: La decisión de la
Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) al permitir el uso recreativo de
la mariguana y considerar que la prohibición “va contra el libre desarrollo de
la personalidad”, determinó también la inconstitucionalidad de cinco
artículos de la Ley General de Salud vigentes desde 1984.
Un grupúsculo impone decisiones contra la
mayoría (no hay que olvidar que seis de cada 10 mexicanos está en desacuerdo
con el fallo emitido por la Primera Sala de la SCJN, según una encuesta
nacional realizada por El Universal), contra el sistema democrático, contra la
división de poderes y contra el diálogo que puede caracterizar a una sociedad
capaz de resolver sus problemas.
Las
primeras preguntas surgen de forma ineludible. ¿Cómo y de qué forma los daños a la salud causados por la mariguana
fueron minimizados y desplazados para decir que un toque de mota, lúdica y
recreativamente, no es tan perjudicial? De acuerdo con estudios, el consumo de
mariguana puede desatar diversas enfermedades mentales, desde la depresión
hasta la psicosis, sin dejar de lado las afectaciones que ponen en riesgo la
seguridad y bienestar de muchas personas que deben soportar las acciones de
adictos al consumo de drogas. Un reporte del Instituto para la Atención y
Prevención de las Adicciones señala que los jóvenes menores de 18 años es
el grupo que más sufre por el embate de las drogas, el número de consumidores
se incrementa año tras año y no necesariamente por decisiones libres que
fomenten su desarrollo.
Paradójicamente
lo que ahora se dice defender para
algunos, es lo que perjudicará a todos. Los ministros liberales quieren
abanderar la determinación de cada individuo a elegir libre y “racionalmente”
ideales y planes de vida que mejor convengan de acuerdo a gustos y
preferencias, lanzando la consigna de que el bien es medida de cada persona.
Esto incuba el embrión de la destrucción, imponiendo un modelo de vicios que,
aunque no deberían perjudicar a terceros, llevan implícita la generación de
una sociedad decadente, adicta y enferma por decisiones envueltas en la bruma
falaz de la minoría supuestamente racional e ilustrada.
La incapacidad y falta de creatividad para
resolver nuestros problemas sociales echa mano de paliativos que son espejismo.
Lo que no se explica en la resolución judicial es la verdad científica innegable
de que la mariguana es psicotrópico adictivo de alto impacto por los problemas
de salud y sociales, condenando, particularmente, a jóvenes y adolescentes. La
planta no es suave, no es inofensiva, no es benigna, es mortal y la evidencia
así lo demuestra. Los costos que pueden pagarse aún son inimaginables y lo
que ahora se llama una “aventura por la libertad” comienza a ser realmente el
fracaso de la Corte, que le ha hecho el juego al movimiento cannábico,
supuestamente para proteger la libertad personal, con las cadenas opresoras de
las adicciones y la esclavitud de las drogas que conducirá irremediablemente al
desastre.
Mientras
el país se emociona por la próxima
visita del Papa Francisco, los protagonistas políticos, esos mismos que
jalonean por tenerlo en alguna de las Cámaras y escuchar su palabra, deberían
aprender de la misma cuando ha denunciado el tremendo problema de la
legalización. En 2013, el Santo Padre afirmó: “Lo que prevalece con frecuencia
en nuestra sociedad es el egoísmo… No es la liberalización del consumo de
drogas, como se está discutiendo en varias partes de América Latina, lo que
podrá reducir la propagación y la influencia de la dependencia química.
Es
preciso afrontar los problemas que están
a la base de su uso, promoviendo una mayor justicia, educando a los jóvenes en
los valores que construyen la vida común, acompañando a los necesitados y dando
esperanza en el futuro…” Y esperanza es lo que menos tenemos debido a la
infausta dictadura de la SCJN, cuyas extralimitaciones urge que sean frenadas
mediante una reforma constitucional, que evite el desmesurado poder que ha
tomado esta Corte, y la haga recuperar su verdadera misión a favor de la
sociedad, y no de los lobbies que dañan los valores universales.

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