Exhorta Mons. Christophe Pierre a trabajar por una civilización de paz, amor y perdón

lunes, 12 de octubre de 2015


Vladimir Alcántara

Al celebrarse en la Basílica la Misa de las Rosas, el Nuncio Apostólico en México dijo que la Virgen no está entre nosotros sólo para admirarla, sino para recordarnos que debemos escuchar a Jesús.

En la Insigne Basílica de Guadalupe, el Venerable Cabildo Guadalupano llevó a cabo la Misa de las Rosas, celebración que encierra tres acontecimientos muy importantes para la vida de la Iglesia en México. El primero es el 39 aniversario de la dedicación de la Nueva Basílica de Guadalupe y el traslado del Sagrado Original, acontecimiento que ocurrió en el año de 1976; el segundo es el 120 aniversario de la Coronación Pontificia de la imagen de Santa María de Guadalupe, hecho que tuvo lugar en el año de 1895, el tercero es el 523 aniversario del inicio de la evangelización de América, que comenzó en el año de 1492.

En esta ocasión, ante la ausencia del Card. Norberto River Carrera, el Nuncio Apostólico en México, Christophe Pierre, presidió la Sagrada Eucaristía, y en su homilía dijo que cada vez que entra en este recinto guadalupano y está bajo los ojos abiertos de la Virgen, tiene la sensación de que ella dirige la mirada hacia cada uno de sus hijos, y que repite aquellas palabras que pronunció en las Bodas de Caná: “Hagan lo que mi Hijo les dice”.

“Si todos los hijos de María atendiéramos sus palabras —externó el Nuncio Apostólico—, las tinajas de nuestros corazones estarían colmadas no sólo de agua, sino del vino bueno de Dios. Si ustedes y yo hiciéramos caso a María y a Jesús, los torrentes de su gracia tendrían cabida en nosotros. ¿Por qué está entre nosotros la Virgen de Guadalupe? La respuesta es esta: porque quiere, desea y espera que cuando atravesemos las puertas de esta Basílica, además de encontrarnos con ella también nos encontremos con Jesús. La Virgen no está sólo para que la admiremos, sino para recordarnos que debemos escuchar la Palabra de Jesús y acogerla en nuestros corazones. Sólo así se comprende su presencia en este lugar sagrado”.

Explicó que el verdadero templo de Dios en el mundo es Jesucristo, y todos los miembros de la iglesia somos el templo que Él edifica. “El templo de Dios es santo, y ustedes son ese templo; por el bautismo hemos sido transformados en el Eterno Santo, que es Jesús; en consecuencia, somos miembros del pueblo místico de Cristo y estamos destinados a formar la Iglesia teniendo como fundamento la verdad. Los invito a que, bajo la intercesión de Santa María de Guadalupe, construyamos la Iglesia y colaboremos en nuestra tierra en favor de una civilización de paz, amor y perdón”.

El Nuncio Apostólico dijo que si bien el pueblo fiel ha acudido a esta celebración para manifestar su amor a la Virgen y a Jesús, “también hemos venido a acoger con gozo las rosas que María nos regala y llevar su perfume santo a toda la gente de afuera”.

Al término de la celebración de la Misa de las Rosas, se llevó a cabo la narración de la Tradición Guadalupana, según el Nican Mopohua, que da cuenta de la aparición de la Virgen a san Juan Diego, mediante una oración en la que se bendijeron las rosas colocadas en el presbiterio, en tanto que son símbolo de la presencia maternal de Santa María de Guadalupe entre el pueblo de México; posteriormente, sobre las flores se asperjó agua bendita y se hizo una incensación.

Finalmente, el Rector de la Basílica de Guadalupe, Mons. Enrique Glennie Graue, entregó a Mons. Christophe Pierre una ramo de las rosas que se bendijeron en esta celebración; a su vez el nuncio apostólico entregó una rosa a Mons. Glennie Graue, a cada uno de los vicarios episcopales y al Venerable Cabildo de Guadalupe. El resto de las rosas se distribuyeron en el Comulgatorio entre la comunidad de fieles.


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