Vladimir Alcántara
Al celebrarse en la Basílica la
Misa de las Rosas, el Nuncio Apostólico en México dijo que la Virgen no está
entre nosotros sólo para admirarla, sino para recordarnos que debemos escuchar
a Jesús.
En la Insigne Basílica de Guadalupe, el Venerable
Cabildo Guadalupano llevó a cabo la Misa de las Rosas, celebración que encierra
tres acontecimientos muy importantes para la vida de la Iglesia en México. El
primero es el 39 aniversario de la dedicación de la Nueva Basílica de Guadalupe
y el traslado del Sagrado Original, acontecimiento que ocurrió en el año de
1976; el segundo es el 120 aniversario de la Coronación Pontificia de la
imagen de Santa María de Guadalupe, hecho que tuvo lugar en el año de 1895, el
tercero es el 523 aniversario del inicio
de la evangelización de América, que comenzó en el año de 1492.
En esta
ocasión, ante la ausencia del Card.
Norberto River Carrera, el Nuncio Apostólico en México, Christophe Pierre,
presidió la Sagrada Eucaristía, y en su homilía dijo que cada vez que entra en
este recinto guadalupano y está bajo los ojos abiertos de la Virgen, tiene la
sensación de que ella dirige la mirada hacia cada uno de sus hijos, y que
repite aquellas palabras que pronunció en las Bodas de Caná: “Hagan lo que mi
Hijo les dice”.
“Si todos
los hijos de María atendiéramos sus
palabras —externó el Nuncio Apostólico—, las tinajas de nuestros corazones
estarían colmadas no sólo de agua, sino del vino bueno de Dios. Si ustedes y yo
hiciéramos caso a María y a Jesús, los torrentes de su gracia tendrían cabida
en nosotros. ¿Por qué está entre nosotros la Virgen de Guadalupe? La respuesta
es esta: porque quiere, desea y espera que cuando atravesemos las puertas de
esta Basílica, además de encontrarnos con ella también nos encontremos con
Jesús. La Virgen no está sólo para que la admiremos, sino para recordarnos
que debemos escuchar la Palabra de Jesús y acogerla en nuestros corazones. Sólo
así se comprende su presencia en este lugar sagrado”.
Explicó
que el verdadero templo de Dios en el
mundo es Jesucristo, y todos los miembros de la iglesia somos el templo que Él
edifica. “El templo de Dios es santo, y ustedes son ese templo; por el bautismo
hemos sido transformados en el Eterno Santo, que es Jesús; en consecuencia,
somos miembros del pueblo místico de Cristo y estamos destinados a formar
la Iglesia teniendo como fundamento la verdad. Los invito a que, bajo la
intercesión de Santa María de Guadalupe, construyamos la Iglesia y colaboremos
en nuestra tierra en favor de una civilización de paz, amor y perdón”.
El Nuncio Apostólico dijo que si bien el
pueblo fiel ha acudido a esta celebración para manifestar su amor a la Virgen y
a Jesús, “también hemos venido a acoger con gozo las rosas que María nos
regala y llevar su perfume santo a toda la gente de afuera”.
Al
término de la celebración de la Misa de
las Rosas, se llevó a cabo la narración de la Tradición Guadalupana, según el
Nican Mopohua, que da cuenta de la aparición de la Virgen a san Juan Diego,
mediante una oración en la que se bendijeron las rosas colocadas en el
presbiterio, en tanto que son símbolo de la presencia maternal de Santa
María de Guadalupe entre el pueblo de México; posteriormente, sobre las flores
se asperjó agua bendita y se hizo una incensación.
Finalmente,
el Rector de la Basílica de Guadalupe,
Mons. Enrique Glennie Graue, entregó a Mons. Christophe Pierre una ramo de las
rosas que se bendijeron en esta celebración; a su vez el nuncio apostólico
entregó una rosa a Mons. Glennie Graue, a cada uno de los vicarios episcopales
y al Venerable Cabildo de Guadalupe. El resto de las rosas se distribuyeron en
el Comulgatorio entre la comunidad de fieles.

0 comentarios:
Publicar un comentario