DLF Redacción
Irresponsable el proyecto de la
SCJN en la materia; los jóvenes se inician en las drogas, no por decisiones
autónomas, libres y responsables, sino por detonadores sociales.
La
revisión del amparo interpuesto por un colectivo por el consumo lúdico de la
mariguana vuelve a poner en la palestra un tema delicado y controvertido ahora
en el terreno del Poder Judicial. A través de argumentos en defensa del Estado
liberal, justificador del individualismo y de la cultura de la muerte, el
proyecto de la Suprema Corte de Justicia de la Nación confunde al público al
poner como logro de la democracia y del sistema jurídico el derecho legítimo y
humano de cualquier sujeto a consumir mariguana porque así se protegería el desarrollo de la personalidad
permitiendo la singularización de los consumidores frente al conglomerado,
además de que el autoconsumo, que comprende acciones como la siembra, cultivo,
cosecha, preparación, acondicionamiento, posesión, transporte en cualquier
forma, empleo y uso consumo, garantizaría el uso lúdico y recreativo como
manifestaciones de la autonomía individual para disponer de la salud al antojo
del individuo. Para la Corte, las disposiciones legislativas son resultado
de un Estado prohibicionista y punitivo, reductor de los derechos, que debe ser
superado bajo falacias preponderantes del individualismo libre de prejuicios
morales atentatorios de las libertades de los sujetos adictos a la mariguana.
No faltan
paladines y expertos que, bajo esta
singularización, quieren colocarse en el grupo de los racionales, justos y
buenos, quienes consideran que el paso hacia la mariguana libre sería
trascendental en la consolidación del Estado democrático libre, arguyendo que
la planta es tan sana como un frasco de vitaminas, que no es adictiva, que no
es tan mala como otras drogas, que hace individuos mansos y no agresivos. Y más
allá de estos argumentos, algunas de esas mentes torcidas y deformadoras de
la verdad afirman que podría paliar los efectos de la violencia que genera la
guerra contra las drogas y fincar un Estado más libre y seguro.
La situación de nuestro país compromete y
devalúa muchos aspectos de la vida de cualquier persona condenándola a
porvenires cada vez más inciertos y miserables. Y es una realidad que, cada
día, muchas personas jóvenes se inician en el consumo de las drogas, entre
ellas la mariguana, no precisamente por decisiones autónomas, libres y
responsables.
La
pobreza, por ejemplo, es un detonador
del consumo y tráfico de drogas, y ahora este debate pretende desplazar los
principales problemas de justicia y bienestar para posicionar mediáticamente
las presuntas bondades de la adictiva planta.
Y de
nuevo la Corte asesta golpes que pretenden ser graciosas concesiones, como las
infundadas bondades éticas y medicinales de la cannabis. Desde la transgresión
del derecho a la vida, pasando por la devaluación de la familia y la
obsolescencia del Matrimonio, hasta la
relativización del derecho a la salud y la defensa de la integridad personal,
paulatinamente los peritos en derecho mueven a México hacia la destrucción
individual, que se toma de la mano con la descomposición social para justificar
a un país asesino, desintegrador, solapador, enfermo, adicto y destructor
como el mejor ejemplo de libertad y de justicia.
La droga
es droga aunque quiera venderse como suave y medicinal bálsamo. Los malos
copistas mexicanos emulan los pasos de los vecinos para poner en la mesa de la
“sana democracia” un debate
desesperanzador, absurdo y contraproducente. La mariguana lúdica es placebo
para apaciguar las dolencias de la destrucción social en la que nos sumimos
irremediablemente. Y la Iglesia enseña que este uso irresponsable de la
libertad conlleva efectos opuestos a los que se buscan. Se admite fácilmente
que lo que es ilegal podría ser normal y, por tanto, moral. Cuando se permite
la droga, no se apuesta sólo por un producto, lo que está en juego es la
vida y destino de las personas. ¿Mari- guana libre? Mejor, no.

0 comentarios:
Publicar un comentario