P. Sergio
G. Román
El perdón de Dios no se puede
negar a todo el que se haya arrepentido, sobre todo con un corazón sincero
El motivo
Con
motivo de los 50 años de la conclusión
del Concilio Vaticano II el Papa Francisco ha convocado a la Iglesia a celebrar
un Jubileo Extraordinario de la Misericordia que iniciará el 8 de diciembre
próximo y terminará el 20 de noviembre del 2016.
Los jubileos
que se celebran normalmente cada 25 años
en la Iglesia se caracterizan porque son un año de perdón y de indulgencia;
este jubileo extraordinario, en la intención del Papa, reviste un especial
tinte de misericordia. Quiere nuestro Pastor que los pecadores podamos
tocar la misericordia de nuestro Padre Dios.
El pasado
1 de septiembre el Papa Francisco
escribió una carta en la que explica cómo se vivirá en la práctica este Jubileo
de la Misericordia y, ente otros muchos puntos interesantes, dice:El perdón
de Dios no se puede negar a todo el que se haya arrepentido, sobre todo cuando
con corazón sincero se acerca al Sacramento de la Confesión para obtener la
reconciliación con el Padre. También por este motivo he decidido
conceder a todos los sacerdotes para el Año jubilar, no obstante cualquier
cuestión contraria, la facultad de absolver del pecado del aborto a quienes lo
han practicado y, arrepentidos de corazón, piden por ello perdón.
La
interpretación
Inmediatamente
los medios de comunicación le dieron un
tinte sensacionalista a estas palabras del Papa, diciendo que el Santo Padre
estaba de acuerdo con el aborto y que ya no era pecado, que ya no estaban
excomulgados los que participaban en un aborto. Por ahí vi una portada en un
periódico capitalino en el que presentaban al Papa Francisco oponiéndose con su
actitud a las leyes mexicanas que prohíben el aborto, y a los sacerdotes
que predican contra él.
Hay que
saber interpretar correctamente lo que
el Papa nos dice, y no hacer suposiciones basadas en el desconocimiento de
la Iglesia Católica.
No
matarás
El aborto
voluntario es quitar la vida a un ser humano todavía en el vientre materno.
Llámenlo como lo llamen los partidarios del aborto, nosotros tenemos una
palabra que lo define: ASESINATO. La ley de Dios, para nosotros los que
creemos, dice “NO MATARÁS” y la ley natural escrita en el corazón de
todo hombre, aunque no crea en Dios, dice lo mismo. Por eso, matar es un pecado
y el aborto lo es de manera especial por la inocencia de la víctima. Ningún ser
humano podrá decir que no es un crimen, un pecado, el asesinar a una víctima
indefensa e inocente.
Precisamente
por esa característica especial del
aborto, la Iglesia Católica tiene una ley que dice: “Quien procura el
aborto, si éste se produce, incurre en excomunión latae sententiae. (CIC
1398)
Sobre el pecado, ya de por sí gravísimo, la
autoridad humana de la Iglesia ha puesto una pena jurídica para hacernos
ver la especial maldad de este asesinato.
El Papa no puede decir, y jamás lo dirá, que matar
ya no es pecado, porque él no es Dios; pero sí podría, en cuanto autoridad
humana, despenalizar el aborto y derogar la ley que lo grava con excomunión,
pero no lo ha hecho y no creo que lo haga.
¿Qué es lo que dice el Papa? Él tan sólo ha hecho
lo que hacen todos los obispos del mundo en un tiempo penitencial: conceder a
todos los sacerdotes la potestad de levantar la excomunión a un pecador arrepentido.
Todo
sacerdote puede perdonar todos los
pecados, pero no todo sacerdote puede levantar una excomunión. Un excomulgado
debe recurrir al obispo o al Papa para que le levanten la excomunión.
Si una
persona que participó en un aborto se
acerca a un sacerdote para recibir el perdón, el sacerdote debe orientarla
hacia el obispo o hacia un sacerdote delegado por el obispo para que le perdone
la excomunión y le absuelva de sus pecados. Los obispos normalmente dan esta
facultad de perdonar excomuniones a los sacerdotes que confiesan en la catedral
o en los grandes santuarios, a los decanos, a los sacerdotes miembros de alguna
orden religiosa, como los franciscanos, dominicos, carmelitas, mercedarios,
agustinos, jesuitas y otros y, durante la Cuaresma, a todos los sacerdotes de
sus diócesis. Así que el Papa no ha hecho nada que no sea costumbre ya en
la Iglesia Católica.
Qué
significa estar excomulgados
La pena jurídica, simplemente humana, de la
excomunión, es una forma de decirle a alguien que ya no pertenece a la comunión
de la Iglesia mientras permanezca sin conversión.
En el caso de la excomunión por el aborto, caen
en ella no solamente la que aborta libremente, sino los que están de acuerdo
con ella y la apoyan y, también, los médicos y enfermeras que practican el
aborto.
Comprendiendo
que las mujeres que recurren a este
medio lo hacen movidas por la angustia, la Iglesia las llama al arrepentimiento
y a su regreso al Padre lleno de misericordia, y nos pide a los sacerdotes que
las acojamos con una gran caridad. Con el amor con el que Cristo las ama.

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