El gobierno de México, en primer
término, debería actuar con el ejemplo para humanizar las condiciones
migratorias
En
últimas fechas han provocado gran
escándalo e indignación las declaraciones racistas y xenófobas del aspirante a
la Presidencia de los Estados Unidos por parte del Partido Republicano, Donald
Trump, quien amaga con realizar deportaciones masivas de indocumentados.
Este señor no sólo es ignorante de los tratados internacionales sobre derechos humanos, sino que también tiene por aliados al odio, el racismo ancestral estadounidense y la indiferencia política del gobierno de nuestro país, que no cumple con su deber de defender no sólo los intereses comerciales, sino a sus ciudadanos que se han visto obligados a vivir el drama de la inmigración y que, por cierto, cuyo envío de remesas –que superan a los ingresos petroleros– ha salvado a nuestro país de la recesión económica.
Se equivocan quienes creen que Donald Trump es
solamente un tipo con una gran boca, pues su beligerancia ha hecho ya un gran
daño toda vez que ha venido despertando los peores prejuicios de nuestros
vecinos del norte, y la debilidad del gobierno mexicano y su nula respuesta
no hacen más que dejar a nuestros connacionales en la más absoluta indefensión.
El
gobierno de México, en primer término,
debería actuar con el ejemplo para humanizar las condiciones migratorias, según
había sido prometido desde el 2013 a través del Programa Especial de Migración
(PEM) 2014-2018 que, en el papel, contribuiría a consolidar una política
migratoria basada en la promoción de los derechos humanos, desarrollo
sustentable, género, interculturalidad y seguridad humana.
Nuestro
país es territorio de paso de personas que deben salir de sus lugares de origen
para tener mejores perspectivas de vida
en los Estados Unidos. Son millones de historias las que revelan los dos
enemigos que enfrentan nuestros hermanos: la delincuencia organizada, y los
delincuentes oficiales amparados bajo una placa y uniformes, abusando y
asesinando a seres humanos. Diariamente llegan noticias de secuestros,
torturas, maltratos y persecución de migrantes que hacen de México un
verdadero viacrucis de dolor y una gran fosa común para cientos de extranjeros.
¿Tienen
responsabilidad nuestras autoridades? Esta es una pregunta válida y actual
cuando, en la Secretaría de Gobernación,
la subsecretaría competente de la política migratoria ha estado acéfala durante
mucho tiempo, lo cual demuestra la completa indolencia e indiferencia por
activar políticas fuertes y efectivas en defensa de los migrantes.
Ante
estas omisiones y declaraciones de odio
del Sr. Trump, sería imperdonable que México permanezca pasivo; es necesaria
una autoridad fuerte y con moral muy alta para enarbolar la justa defensa de
los derechos de quienes se ha querido dejar sin derechos. Y para lidiar con el
endurecimiento de los Estados Unidos y payasos como Trump, México debe
poner orden y generar condiciones humanas de trato a los migrantes, mejores
oportunidades de empleo y de estabilidad económica y, sobre todo, de
estrategias audaces de desarrollo que ya no motiven la indiferencia, sepulten
el odio y garanticen nuestro futuro y seguridad frente a los desafíos del
fenómeno migratorio.

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