Desde muy temprano empezó el ajetreo
en los hogares poblanos
Por Francisco
Ortega Hernández
Como un rito
de hace varios años, este lunes, al despuntar el alba, miles de hogares poblanos se vieron inundados por el ajetreo
característico de enfrentar el primer día de clases: “ya levántate” “ya es tarde” “dónde está el uniforme” “ plánchame mi
camisa, pliiis” “a desayunar” “lávate la cara y los dientes” “apúrense”.
En las
calles, el aumento del fluido vehicular,
los bocinazos, el transporte público a “reventar” de pasajeros; las clásicas, y
en muchos casos, fatales “carreritas” por ganarse a los usuarios.
También, grupos de peatones atravesando los
cruceros; mamás, en algunos casos, papás, llevando de la mano a sus vástagos; “córrele, córrele que van a cerrar la puerta”.
En el umbral del plantel, de educación básica, por lo general, la bendición; la
recomendación de “pones atención a la clase”; “no hagas muchas travesuras”; y
la inquietante sentencia “no quiero quejas; por qué te la ves conmigo”.
Honores a la bandera, nuevos
amiguitos, tal vez, nuevo o nueva profesora; el inefable, lunch, que se
convierte en un manjar a la hora del recreo; aunque muchos lo ignoran por jugar.
A la salida, al
término de la jornada, los educandos, con cara de desvelados, arrastrando la
mochila y con muchas ganas de golosina; sin que los exima de la clásica
pregunta ¿te dejaron tarea? Y la firme
respuesta “¡¡¡No!!! por ser el primer día, la maestra dijo que no habría tarea…tal
vez mañana”


0 comentarios:
Publicar un comentario