El 5
de mayo de 1862, el Ejército de Oriente, comandado por el joven General
Ignacio Zaragoza, derrotó a las tropas invasoras
de Napoleón III. La Batalla de Puebla representa
uno de los episodios más gloriosos de nuestra historia.
Fue en
Puebla donde mexicanos valientes vencieron a
la fuerza militar mejor organizada en aquella época y la
más poderosa del mundo. Con esa lección de orgullo,
valentía y dignidad, las armas nacionales se
cubrieron de gloria.
El 26
de abril, el general Lorencez escribió
al ministro de Guerra de Francia que los franceses tenían “superioridad de
raza, de organización, de disciplina, moralidad y elevación de sentimientos”.
Pedía que le informaran al emperador, Napoleón III, que con 6 mil soldados ya era el
“dueño de México”. La gloriosa Batalla de Puebla dio comienzo
en la mañana del 5 de mayo. Fue una epopeya que duró hasta el anochecer.
La Gesta
de Puebla nos
recuerda, precisamente, la importancia que tiene la
soberanía para una Nación, como principio que la une y le da
identidad.

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