Desde la
fe
Con la finalidad de promover su
imagen y encauzar el voto ciudadano, hemos visto a los partidos y candidatos
usando artimañas. Desde el inicio del 2015, al primer minuto, las audiencias se
han visto forzadas a escuchar y observar los inverosímiles y nada ingeniosos
spots de los partidos en los tiempos oficiales del Estado
El
próximo 7 de junio los mexicanos ejerceremos nuestro derecho al voto para
renovar la Cámara de Diputados, nueve gubernaturas, 993 alcaldías, 641
diputaciones locales y 16 delegaciones políticas en el DF. Desde ahora, ningún
ciudadano puede quedar al margen de este acontecimiento tan importante en la
vida del país.
Según los
partidos políticos en el Congreso de la Unión, la Reforma Electoral 2014
servirá en la práctica para favorecer la inclusión, la transparencia, la
equidad y la justicia en el proceso electoral, y ayudará a legitimar el sistema
democrático-electoral.
Sin
embargo, uno de los aspectos que sigue lastimando cruelmente a la ciudadanía es
el escandaloso financiamiento y la descomunal asignación de recursos a los diez
partidos políticos nacionales, viejos o de nueva creación, lo que causa la
justa indignación de la mayoría de los electores, quienes día tras día luchan
por sobrevivir con míseros salarios.
El
proceso electoral 2015 no será la excepción, pues los partidos políticos
contarán con sumas inconcebibles, e incluso superiores a algunos de los ramos
del Presupuesto de Egresos de la Federación, como son salud y programas de
asistencia social. El Instituto Nacional Electoral autorizó en enero un monto
global de más de cinco mil 300 millones de pesos para el desarrollo de
actividades ordinarias y gastos de campaña de los institutos políticos. A esto
se suman las autorizaciones en topes de gastos de campaña para competir por una
curul en San Lázaro, ascendiendo a un millón 260 mil 038.34 pesos. Es decir, un
derroche de recursos inadmisible frente a la situación de pobreza extrema que
viven millones de mexicanos.
Y
efectivamente, ya comenzaron. Con la finalidad de promover su imagen y encauzar
el voto ciudadano, hemos visto a los partidos y candidatos usando artimañas.
Desde el inicio del 2015, al primer minuto, las audiencias se han visto
forzadas a escuchar y observar los inverosímiles y nada ingeniosos spots de
los partidos en los tiempos oficiales del Estado, tratando de justificar lo
injustificable. Y mientras más se acerque la jornada electoral, candidatos se
valdrán de más argucias y mañas para la promoción de la imagen, tirando
groseramente millones de pesos en propaganda electoral inútil e inservible,
cosas y utensilios caseros que, en lugar de ser benéficos para los electores,
son pura basura.
Es
evidente el descrédito de los partidos políticos, especialmente por las graves
crisis y escándalos que atraviesan algunos de ellos, afectando y destruyendo la
vida de familias enteras, como fue el frustrado empoderamiento de funcionarios
que serían candidatos respaldados por dirigencias y capos. La crisis es tal que
los partidos políticos son los peores enemigos de la equidad y justicia de
nuestro vapuleado sistema democrático. Si la reforma intentó dar un giro
drástico en el trabajo de los árbitros y el juego electoral, ahora es
imperativo luchar contra la corrupción, la descomposición y las inaceptables
sumas de dinero que se entregan a los partidos.
Las
novedosas reformas electorales garantizaron al pueblo de México la escrupulosa
fiscalización y la transparencia; sin embargo, la falta de credibilidad de los
partidos ya debería merecer una disminución en los dineros que se les han asignado
por fracasar como institutos eficaces de la democracia, y ser propiciadores de
la división, la crisis, la deconstrucción de la ciudadanía y la imposibilidad
de una convivencia pacífica.
Ojalá que
la reforma político-electoral no devenga en traición al pueblo bajo la
justificación de que “en arca abierta hasta el más santo peca”, y al final en
el infortunado “usté disculpe”

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