Vladimir
Alcántara
El juego de la ouija tiene un
lado inmoral; y en este sentido, el P. Román del Real asegura que tanto entre
los judíos del Antiguo Testamento como en el cristianismo se considera ofensa a
Dios el invocar a los muertos, ya que es un signo de desconfianza, de falta de
fe en la voluntad de Dios.
Ha llegado a México una película de terror basada en el juego de la
ouija; se trata de la historia ficticia de unos jóvenes que juegan con dicho
tablero adivinatorio hasta despertar a varios demonios que intentarán acabar
con ellos.
La película –que ha sido bien recibida entre los jóvenes y adolescentes–
en realidad es un negocio redondo, pues si bien uno podría pensar que la trama,
como tantas otras historias de terror, tiene un valor educativo al enseñar que
jugar con lo oculto es peligroso, es todo lo contrario, pues la producción fue
financiada parcialmente por la empresa norteamericana de juguetes que produce y
comercializa estos tableros, cuya venta se ha incrementado en los países en los
que se ha presentado la cinta.
De esta manera, la película, en lugar de enseñar al joven a ser
prudente, seduce con la idea de jugar con fuego y sobrevivir a él, poniendo en
peligro su salud emocional, como lo han constatado innumerables sacerdotes en
todo el mundo.
En entrevista para Desde la fe, el P. Sergio Román del Real,
especialista en piedad popular, asegura que en el siglo XIX se pusieron de moda
los llamados espiritistas y las sociedades de estudio de lo sobrenatural. Fue
en este contexto que surgió la ouija, cuyo nombre al parecer proviene de dos
palabras, “oui” y “ja”, que significan “sí” en francés y alemán
respectivamente; es decir, que es un sí reiterativo.
La describe así: “Se trata de un tablero que lleva inscrito el
abecedario, los números y un “sí” y un “no”, sobre el cual se desliza una
tablilla en forma de flecha o de manita ―originalmente era una copa― que se va
deteniendo en las grafías para ir deletreando la supuesta respuesta del
espíritu invocado”.
¿Cómo funciona? El sacerdote explica que por médium se
entiende a una persona que puede comunicarse con los muertos o con los
demonios; es el medio para conocer respuestas que se ignoran. Así, en la ouija
el médium es la persona que maneja la tablilla sobre el
tablero, colocando su mano suavemente sobre ella y dejándola correr
“libremente” a inspiración del espíritu en turno.
Sobre cómo se mueve, precisa el P. Román del Real que “puede ser que el médium mueva
la tablilla según su voluntad consciente, y entonces el juego es solamente una
broma, un engaño para la víctima inocente. Pero también puede ocurrir que la
tablilla realmente se mueva “sin la voluntad consciente” del médium,
y en ese caso tenemos lo que los psicólogos llaman un engaño inconsciente. La
tablilla de la ouija se convierte así en una “pantalla” que expresa el
inconsciente del médium y que da una respuesta que jamás daría
el consciente. De esta manera, la ouija se convierte en algo así como un
teléfono con línea directa al subconsciente.
–¿Entonces no es un teléfono al “más allá”?, ¿no pueden los muertos
comunicarse con nosotros?
–Estos cuestionamientos han inquietado siempre a la humanidad por esa
necesidad de penetrar en lo oculto, lo que ha hecho que abunden personas que
inventan métodos para hablar con los muertos. Los que lo hacen se llaman
“nigromantes”. Es cierto que hay una serie de fenómenos extraños que
tradicionalmente se atribuían a los espíritus de los muertos y que los
científicos serios explican hoy como fenómenos parapsicológicos o paranormales.
‘Son obra de espíritus encarnados; no desencarnados’, así lo explicaba González
Quevedo, jesuita parapsicólogo de reconocido prestigio.
Sin embargo, –dice el P. Sergio G. Román– la Iglesia Católica acepta el
que seres del ‘Más allá’ se puedan comunicar con los vivos, como en el caso de
los ángeles, mensajeros de Dios, que anuncian algo a los mortales, o en el caso
de las apariciones de Jesús, la Virgen o los Santos. “Pero creer que podemos
turbar el descanso de los muertos es ir en contra de la doctrina cristiana
sobre el destino final de los difuntos. La parábola que nos contó Jesús sobre
Epulón, el hombre rico que desde el infierno solicitaba que enviaran al pobre
Lázaro a avisar a sus hermanos que había un castigo, nos hace ver que los
muertos no tienen a qué regresar, si ya tenemos a Moisés y a los profetas”.
No obstante, el juego de la ouija tiene un lado inmoral; y en este
sentido, el P. Román del Real asegura que tanto entre los judíos del Antiguo
Testamento como en el cristianismo se considera ofensa a Dios el invocar a los
muertos, ya que es un signo de desconfianza, de falta de fe en la voluntad de
Dios.
Concluye: “Sí, jugar a la ouija constituye un pecado; pero además
representa un peligro en cuanto al desequilibrio emocional, muchas veces grave,
de los que con ella juegan. De manera que la ouija es una puerta, pero no al
“Más allá”, sino a la pérdida de la cordura”

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