Condena el rector Narro violación a la
autonomía de la UNAM
Desafortunadamente, en las últimas semanas, la sociedad mexicana
ha vivido hechos a todas luces
reprobables. Algunos de ellos han costado vidas, lesionado personas,
generado desapariciones y afectado el
patrimonio y los derechos de terceros. Se ha
trastocado la vida normal de nuestra sociedad.
Con toda razón existe un sentimiento de indignación, dolor e
inconformidad. En varias ocasiones me he
manifestado al respecto. He reprobado la conducta delictiva y permisiva de servidores públicos, he exigido
el esclarecimiento de los hechos y el
castigo de los responsables, y me he solidarizado con los afectados y sus familiares.
De igual manera, me he pronunciado por la necesidad de
impulsar un cambio profundo en la
sociedad. Un cambio sin violencia que asegure que hechos como los de
Iguala no se registren nunca más en el
país. Tengo la convicción de que la violencia sólo engendra mayor encono y más problemas.
Por desgracia, la Universidad Nacional Autónoma de México ha
sido afectada por hechos violentos de
los que se dio cuenta el día de ayer y que lesionaron al menos a un
miembro de nuestra comunidad. Al
respecto, debo señalar que la Universidad ha
presentado la denuncia correspondiente. Espero que el resultado de
las investigaciones conduzca al deslinde
de responsabilidades y a que se castigue a
quienes resulten responsables.
En este momento son varios los asuntos que me preocupan. En
primer término, la integridad de todos
los miembros de nuestra comunidad, su integridad física y también la moral. Para conseguirlo, son importantes el
rechazo a la violencia y el apego al
derecho. No veo otra manera de conseguirlo, de no ser con la conducta prudente, individual y colectiva y con el
cumplimiento de la ley.
En segundo lugar, me refiero al funcionamiento de la
Universidad. El cumplimiento pleno de la
vida académica de nuestra institución debe preservarse. Es indispensable
que se entienda que son enteramente
compatibles la protesta universitaria no violenta y el desarrollo de nuestro trabajo. Cuidar
ese equilibrio es mi compromiso, pero se
requiere de la participación de la comunidad para lograrlo. Todas las expresiones no violentas son admisibles y
nuestra labor cotidiana es
indispensable.
Asimismo, quiero pronunciarme en torno a la autonomía de
nuestra institución. Al respecto,
quiero ser claro y contundente. No es deseable la presencia de la
fuerza pública en nuestras instalaciones.
No forma parte de nuestra normalidad. Recibo con satisfacción el pronunciamiento de las
autoridades del gobierno del Distrito
Federal y les pido, respetuosa pero puntualmente, que no se repitan hechos como los registrados ayer en Ciudad
Universitaria.
Reconozco el momento complejo por el que transitamos en la
Universidad y en el país.
Exhorto a todos los universitarios a mantenernos en
el marco de la ley, a preservar nuestra
institución, a mantener el trabajo sistemático de la comunidad y a asegurar que dentro de la normalidad
académica sigamos atentos el desarrollo de
los acontecimientos, ejerzamos la libertad de expresión sin violencia
de ninguna naturaleza, al igual que a
mantener la unidad.
De la misma manera, invito a la sociedad mexicana a hacer
una pausa, a reflexionar sobre el
futuro, a valorar el papel de la vida institucional de nuestro país,
a fortalecer las entidades públicas como
la UNAM que tanto esfuerzo ha costado a
muchas generaciones de mexicanos y a rechazar la violencia sin sentido,
que sólo causa más daño.
“Por mi Raza Hablará
el Espíritu”

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