Es la festividad religiosa más
concurrida entre Puebla y Tlaxcala.
Por Francisco
Ortega Hernández
Días antes y
aún en el umbral del 29 de septiembre, en caminos y veredas que llegan hasta el
atrio de San Miguel del Milagro,
localizado en la cima de una loma cercana a la zona arqueológica de Cacaxtla, en el estado de Tlaxcala, casi colindante con Puebla, tanto en Santa Rita Tlahuapan como San
Miguel Xoxtla, en otro punto, decenas, cientos y hasta miles de “romeros” surgen cobijados por las sombras de la
madrugada o por la noche, todos ellos con un mismo destino, postrarse a los
pies de San Miguel Arcángel.
Por lo
general, se ven muchas familias a pie, sobre los acotamientos de la autopista México-Puebla; o también a los lados de
los caminos que van de Xoxtla a
Nativitas, este último en Tlaxcala; también por el camino que se desprende
de Santa Rita Tlahuapan hacia Cacaxtla;
no se ve a las y los peregrinos cansados, al contrario, muy animados.
No importa
para los creyentes las condiciones del clima, sobre todo la lluvia y el frío
otoñal; si es de noche alertan sobre su presencia con una linterna.
En la
parroquia de San Miguel del Milagro, sobre todo en el atrio y cercanía se
instalan toda clase de puestos de comercio informal, desde los que venden
artículos religiosos hasta aquellos que mercan pulque y memelitas; los precios
no son exorbitantes; pero en el ánimo de la gente “los comerciantes cobran de a
como se deje el cliente”.
Si es primera vez que acude a este templo, la
tradición señala que se debe de colocar un aro de flores sobre la cabeza y
rezar una oración especial. La gente, lo que quiere es pasar por la parte
trasera de la imagen principal, subir una pequeña escalera y pedir a San Miguel
los saque de algún apuro.
Afuera, los
sonidos de las bandas de aliento, cohetones, el olor de garnachas, carnitas,
mole; el barullo de los gritones “pásele por aquí marchantita”; los empujones
para abrirse camino hacia el interior de la iglesia. Todo esto se multiplica el
mero 29 de septiembre que sin importar el día de la semana se atiborra de
fieles.

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