Cholula, Puebla.-Se llevó a cabo el primer encuentro de Bibliotecas Participantes del Catálogo
Colectivo de Marcas de Fuego el pasado 3 y 4 de julio en la Biblioteca Francisco de Burgoa, en la
ciudad de Oaxaca, en el que se ofrecieron pláticas, conferencias, talleres
y se presentaron proyectos enfocados en la conservación y preservación de
marcas de fuego y agua en libros antiguos.
La Biblioteca Franciscana en resguardo de la
Universidad de las Américas Puebla y de la Provincia Franciscana del Santo
Evangelio de México, así como la Biblioteca
Histórica José María Lafragua de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla,
emprendieron conjuntamente la construcción de este Catálogo Colectivo
disponiendo para ello de estudios, observaciones sistemáticas y experiencias
que han llevado a la propuesta de una metodología específica, con
procedimientos de registro manual, fotográfico y la aplicación probada de un
software libre llamado –xmLibris-
desarrollado por la Universidad de las Américas Puebla.
El Catálogo Colectivo de Marcas de Fuego
es una herramienta bibliotecológica
en línea, desarrollada en primera instancia para que los libros marcados y las
descripciones de sus marcas de fuego auxilien a bibliotecarios para la
adecuada identificación de la procedencia de los libros antiguos y para que se
represente apropiadamente este elemento histórico en los registros de los
catálogos automatizados, principalmente.
Durante el
encuentro, la Lic. Maribel Ravize, bibliotecaria UDLAP ofreció el taller
teórico-práctico Los libros
antiguos, Entre el agua y el fuego, en
el que señaló que la marca de fuego se define como una señal carbonizada
colocada principalmente en los cantos de los libros mediante un instrumento
metálico candente. A la fecha se valora como un testimonio histórico distintivo
que permite identificar a las instituciones y particulares que se valieron de
ellas; como evidencia de haber sido los poseedores de ciertas colecciones
bibliográficas.
Por otra parte,
también agregó que las marcas de
agua son, por una parte, motivo de admiración y consideradas pequeñas obras de
arte. Y por otro lado, un elemento de estudio que nos permite determinar el
molino o, al menos, identificar la zona en donde se elaboró el papel. “Actualmente, las marcas de agua
también nos permiten identificar un libro o un documento y tener la certeza de
su autenticidad. Cuando una biblioteca o una institución cuenta con un
documento o libro antiguo y éste es requerido en préstamo temporal por otra
institución, se deben revisar las características físicas que hacen único e
irrepetible a ese documento; es decir, es preciso detectar y documentar todos
los elementos históricos agregados tales como: anotaciones manuscritas, ex
libris, sellos, marcas de fuego y, por supuesto, las marcas de agua con un
minucioso registro fotográfico. De esta manera, la institución emitirá un
documento que es el respaldo legal con el que se amparará para asegurarse de
que, al momento de que sea devuelto, sea el mismo que se prestó, y por ello el
auténtico u original” agregó la bibliotecaria UDLAP.
La práctica de la
marca de fuego se ubica durante el periodo colonial en México, principalmente.
La evidencia indica que su uso se inició hacia la segunda mitad del siglo XVI y
perduró hasta las primeras décadas del siglo XIX. Dicha prácticaencontró
acogida en las bibliotecas conventuales y en instituciones religiosas
dependientes del clero secular.
El Catálogo
Colectivo de Marcas de Fuego está actualmente inscrito en los recursos en línea
sobre procedencias del Consorcio de
Bibliotecas Europeas de Investigación (CERL) y puede ser consultado en el siguiente
link:http://www.marcasdefuego.buap.mx
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