Jaime González
BBC Mundo, Los
Ángeles, @bbc_gonzalez
Es habitual
escuchar decir que si California -el estado más poblado de Estados Unidos y el
tercero en superficie- fuera un país independiente, se encontraría entre las
primeras potencias económicas del planeta.
El poderío
de la economía californiana es evidente en ciudades como Los Ángeles o San
Francisco, que cuentan con importantes centros financieros y tecnológicos.
Pero la
realidad es bien diferente en el norte del estado, una región rural que lleva
décadas sumida en una profunda crisis debido a la desaparición de industrias
tradicionales como las de la madera o la pesca.
Esa
disparidad en el reparto de la riqueza y la sensación enraizada entre algunos
de que los núcleos urbanos en los que se concentra el poder político y
económico no se preocupan de lo que sucede en el resto del territorio, han
hecho que desde hace décadas exista un movimiento secesionista en varios de los
condados norteños.
Su idea es
crear Jefferson, el estado de la unión número 51 con el que los separatistas
creen podrían recuperar las riendas de su destino, cabalgando sobre la bonanza
que traerían los recursos naturales que en la actualidad no pueden explotar
debido a las numerosas regulaciones estatales y federales que se lo impiden.
Pese a que
desde mediados del siglo XIX han sido varios los intentos infructuosos -que han
llevado a cabo junto con varios condados del sur de Oregón-, los partidarios de
la separación no desisten.
En los
últimos tiempos el movimiento secesionista ha vuelto a tomar fuerza y desde
hace meses una quincena de condados californianos debaten si deben dar su apoyo
a la creación de Jefferson, que fue bautizado con ese nombre en 1941 en honor a
Thomas Jefferson, tercer presidente de la historia de EE.UU.

0 comentarios:
Publicar un comentario