* Hay diversas leyendas, en torno a su aparición.
* Dicen es un “diablito” juguetón.
Por Epigmenio ROJAS CASTRO
CHOLULA.- En el templo de San Miguelito, tienen bajo custodia a un “diablo”, figura tallada en madera, que desde hace años, lo mantienen ahí y cuando lo llegan sacar del templo, empiezan a registrarse situaciones extrañas, accidentes viales, por ello hay quienes aseguran es un “diablito” juguetón. En torno a su aparición y llegada a este templo, existen varias versiones o leyendas, la realidad que pocos pueden ver la imagen, y aún más pocos el soportar la impresión de ello.
Por las calles de la ciudad, se comenta de manera errónea –se tiene la iglesia del diablito-; puesto que no existe iglesia dedicada al diablo, es un templo en donde se tiene, y es el templo de San Miguelito, localizado en la 12 Oriente, entre la 5 de Mayo y la 2 Norte, a orilla de lo que fuera la carretera federal a Huejotzingo, hoy en día un bulevar, por donde todos los días cruzan cientos, quizá miles de personas, la mayoría sin saber que ahí está esa imagen tallada en madera.
Quienes han tenido la oportunidad de poder ver dicha imagen, se admiran por la manera en que está tallada, llegan a considerar es una obra de arte, es un trabajo casi perfecto.
Cada Mayordomo, que ha pasado como encargado de este templo, toma sus propias actitudes y decisiones, respecto a la imagen, si permite que el público pueda pasar a verla, o de plano no tenga acceso a ello. Algunos la tienen descubierta, otros más la tapan con tela de color morado, con adornos en forma de cruz. Algunos la han visto como un objeto más en el templo, otros le tienen recelo, temor, y hasta se podría decir respeto. En lo que llegan a coincidir todos, es que nadie aguanta estar solo en el área donde está el nicho del “diablito”, como se le conoce popularmente.
Ha sido de boca en boca, como se conoce, primero de su existencia, algo que para muchos no es creíble, es solo una leyenda, creencia que refuerzan, cuando acuden al templo, para poder conocer dicha imagen, y no se les permite el acceso, consideran que solo es un mito, es algo que no existe.
Quetzal, Verdad sin Compromiso, logro una vez más el tener acceso al lugar donde está esa estatuilla de manera, muy bien labrada. Llega uno al templo, se hace la reverencia al apóstol San Miguel, santo patrono del lugar. Se asegura que este fue el primer templo en San Gabriel Cholula, como originalmente se llamaba la ciudad y que al paso de los años le cambiaron el nombre por el de San Pedro Cholula, el cual era poco usado, ya que solo se le decía Cholula, siendo hasta la década de los 93-96, cuando era presidente municipal el Dr. Alfredo Toxqui Fernández de Lara, cuando se le empieza a dar reconocimiento como San Pedro Cholula, pero esa es otra historia.
Luego de lograr el permiso de quien funge como Mayordomo, en esta ocasión Mayordoma, se logra pasar a la Sacristía, lugar donde se tienen todos los implementos que se requieren para el sacerdote oficiante, objetos propios del templo que de momento no se utilizan en el altar, y en un rincón, a espaldas del altar mayor, donde está la imagen de San Miguel Arcángel, vencedor del diablo; se ve una pequeña mesa de madera, sobre ella está la urna de cristal que contiene la imagen del diablo.
La Mayordoma, solo pone una condición para poder ver dicha imagen, -usted la destapa, le toma la fotografía, y vuelve a tapar la urna-, lo cual se acepta.
La urna tiene un lienzo de tela morado, muy similar al mantel del altar, con decoración con listón de color dorado, tiene varias cruces pequeñas a los lados, un a grande al centro.
Sobre dicho lienzo, están 3 cruces, dos de cada lado y una al centro, están acostas, al centro y de pie, otra cruz.
Una vez retirado todo, se levanta el lienzo, la Mayordoma, en todo momento se mantiene a distancia, hasta la puerta de salida, y opta por no ver nada de lo que ocurre en el rincón.
Queda al descubierto el nicho, el cual es de cristal y pareciera estar herméticamente sellado, en todos sus costados está la cruz, así como la imagen del Arcángel San Miguel, dentro la imagen tallada en madera, de unos 15 centímetros de alto, en color café oscuro, parece rojizo.
Es fuerte la impresión al verlo, inmóvil, muy bien tallado. Se pueden imprimir algunas fotografías, algo que no es frecuente el que se permita. Terminado este trabajo, se procede a tapar dicha urna, a colocar todo de nueva cuenta en su lugar. Se le dice a la Mayordoma, que ya está tapada, voltea a ver y asienta con la cabeza. ¿Por qué tiene usted como miedo? Y ella responde –Da miedo, estoy sirviendo a San Miguelito, él me protege, pero ese diablito, me causa escalofrío. Ya mejor salgamos-.
En relación a de dónde salió dicha imagen, cómo llegó a este lugar, porque permanece ahí, existen varias leyendas, no hay manera de demostrar en que año ocurrió todo esto.
Una de esas leyendas, es que en el barrio había un carpintero, que era muy bueno tallando la madera, su defecto su preferencia por el alcohol. Al estar bajo los efectos de la bebida embriagadora, le daba por hacer aún mejor trabajos, figuras talladas. Fue eso lo que sirvió para que alguien le pidiera ese trabajo, debería de mantener en el anonimato su identidad, a cambio le daría sus botellas de licor, del mejor, y el carpintero que en un principio se negaba a la realización del trabajo, terminó cediendo y poco a poco empezó a tallar la madera. No se sabe cuánto tiempo tardo en ello, lo que si es que al terminar y entregar dicha figura tallada en madera, él hombre desapareció de la ciudad.
¿Cómo llegó al templo?
Una de las leyendas, es que quien pidió su elaboración, no aguantó más en su casa dicha obra, así que la llevó al templo, sabiendo que San Miguel, es el arcángel que venció y tiene sometido al diablo.
Otra versión, es que alguien la fue a dejar, dentro de una casa de zapatos, a la puerta del templo, cuando el encarado la vio, notificó al sacerdote y al ver su aspecto no se dudó se trataba de un diablo, algo de muy mal gusto el hacerlo, por lo que se ordenó el meterlo a la iglesia, y ponerlo a los pies de San Miguel, luego hacerle el nicho, para que quedara por siempre ahí encerrado y sometido.
Otra leyenda, es que al hacer trabajos de construcción de la carretera, se encontraron dicha figura, estaba entre la tierra y pese a ello, lucía limpia, con cierto brillo. Quien la encontró la guardó, pensaba que era una pieza arqueológica, pero empezaron a ocurrir cosas muy raras, como que las pertenencias de sus compañeros, desaparecía de un lugar y aparecían en otro, se registraron accidentes, y miedoso quien la tenía, optó por ir a dejarla a al templo de San Miguelito.
En torno a esta imagen se tienen varias leyendas, por ejemplo, que en la curva de la carretera, a unos 100 metros de donde está el templo de San Miguelito, en la zona conocida como Crucero Inteligente, eran frecuentes los accidentes automovilísticos, con saldos de varios muertos. Nadie se explicaba cómo es que se registraban, sobre todo por las noches. Algunos conductores, aseguraban que de momento tenían que dar el volantazo o frenar bruscamente, porque veían sombras de personas que cruzaban la carretera.
Luego de que fue hallada la figura, y llevada al templo, esos accidentes dejaron de ocurrir.
Su apariencia, ha llamado la atención de estudiosos, por ello en algún momento, en la década de finales de los 60’s y principios de los 70’s, investigadores del INAH, decidieron llevarse dicha figura a hacer estudios a la ciudad de Puebla, como buenos estudioso, hicieron caso omiso a lo que decía el entonces mayordomo, ni en cuanto a que podrían darse de nuevo accidentes en la zona o que a ellos les pudiera pasar algo. Que no sacaran del nicho a la estatuilla.
Los investigadores se la llevaron, y se sabe que empezaron a hacerle estudios, para ello la tuvieron que sacar su urna, y empezaron los accidentes viales en la zona. En las instalaciones del INAH en Puebla, a pasar cosas raras, como que por las noches, cuando las oficinas estaban solas, se escuchaban ruidos, al día siguiente cuando el persona llegaba a laborar, se topaba que todo estaba hecho todo un desorden, los documentos de una oficina estaban en otra, los muebles desacomodados. Al principio culparon al velador, pensaban que se habría emborrachado y provocado el desorden. El hombre culpado, negaba todo y decía que él solo escuchaba ruidos, risas, pisadas, no veía nada, y optaba mejor por refugiarse en su cuarto.
Todo terminó cuando unos anaqueles, bien fijos en los muros, cayeron sobre quienes hacían los estudios en el diablito, se habla de que resultaron lastimados y que hubo un muerto, información que siempre quedó guardada de manera hermética. La estatuilla, fue regresada de inmediato al templo, y todo volvió a la normalidad.
En otra ocasión, dicha imagen, fue sacada para lucirla en una feria en el norte del país, y de nueva cuenta, los accidentes carreteros, problemas en aquella famosa feria, y regresaron de inmediato la imagen, quedando establecido que lo mejor sería que nunca más la sacaran. Y hasta donde se sabe, no ha vuelto a salir de ese templo, donde está fuertemente custodiada por el arcángel San Miguel.

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