Las
asociaciones de cardiología más importantes en Estados Unidos sorprendieron
esta semana a la comunidad médica internacional al publicar las nuevas
directrices de cómo tratar el colesterol.
Las
directrices cambian completamente las reglas del juego. Los pacientes ahora no
tendrán objetivos -un nivel al que deben llegar- sino que serán clasificados en
cuatro grupos para los que se recomiendan distintos tratamientos con los
fármacos conocidos como estatinas.
Esto
significa que un tercio de los adultos que viva en EE.UU. deberá considerar la
posibilidad de tomar estos medicamentos que disminuyen los niveles de
colesterol, en contraste con el 15% de la población que lo hacía hasta ahora.
La
otra novedad de la guía publicada por el Colegio de Cardiología de EE.UU. (ACC)
y la Asociación Americana del Corazón (AHA) es que por primera vez no sólo se
toma en consideración los infartos, sino también los accidentes
cerebrovasculares.
El
anuncio generó una polémica instantánea entre médicos y especialistas dentro y
fuera de Estados Unidos. Los unos para apoyarlo y los otros para destacar el
riesgo de efectos secundarios, así como el impacto sobre el desarrollo de
medicinas y métodos alternativos.

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